Extraño : Parte 2

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—Encontrarlo cómo, exactamente? —preguntó Pedro, siguiéndote flotando como siempre, con los brazos cruzados.

—No sé, ¿cómo fue que apareciste aquí? Tal vez tu espíritu fue... ¿teletransportado? ¿secuestrado astralmente? ¿salió por el buzón?

—Gracias, muy útil tu teoría del buzón fantasma.

No tenías más pistas que las noticias viejas, así que pasaste la tarde rastreando hospitales en línea. Uno de ellos tenía un artículo olvidado en un foro conspiranoico, donde un tal “TestigoX23” juraba que Pedro Pascal, el periodista, estaba en coma en un hospital privado bajo nombre falso: “Pedro Blanco”.

—¿Pedro Blanco...? ¿En serio? Eso es como si ‘Clark Kent’ se llamara ‘Clark Oscuro’.

—No es mi culpa que la mafia tenga la sutileza de un rinoceronte con tacones.

—¡Bingo! —dijiste con los ojos brillando mientras apuntabas el nombre del hospital.

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Al día siguiente…

El hospital era elegante. De esos donde hasta los termómetros tienen corbata.

—¿Y que rayos voy a decirles?

—Diles que te llamas Teresa Suarez y que eres mi novia. Que estuviste buscándome sin descanso y que una minuciosa investigación te trajo aquí.

—Tienes buena labia.

—Lo sé, casi gano el Publitzer.

Una enfermera, confundida pero sin energía para discutir, te creyó e indicó la habitación. Estaba en la zona de cuidados intensivos, con guardias afuera.

—Esto es malo… —murmuraste.

—Esto es muy malo —confirmó Pedro mientras atravesaba la pared.

Cuando regresó, tenía el rostro pálido (bueno, más de lo usual para un fantasma).

—Ese soy yo. Estoy vivo. Respirando. Pero... conectado a medio sistema de soporte vital como si fuera un iPhone viejo. Y hay cinco tipos raros en el pasillo, vestidos como enfermeros con pinta de que me van a joder.

—¿Qué hacemos?

Pedro te miró con una mezcla de miedo y determinación.

—Hay una forma… Pero es muy loca.

—¿Qué crees que estas haciendo?

Pedro sonrió.

—Déjame tomar el volante... solo un ratito.

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Tus ojos brillaron un segundo. Pedro tomó control de tu cuerpo, y tú, de pronto, lo veías todo desde una esquina, como si estuvieras viendo una película de acción protagonizada por ti misma con habilidades que solo habías visto en series y películas de acción.

Una enfermera chilló al ver a “Teresa” derribar al primer falso enfermero con una bandeja de acero inoxidable. El sonido fue tan brutal como satisfactorio.

—¿Pedro? ¿Cómo... cómo sabes hacer eso?

—Trabajé investigando a narcos. Y fui policía, uno muy bueno por cierto.

Pedro Pascal __OS__ VOL:2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora