Oliver Martell [Levana 4] Celebrando 4K ✨️

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Los años en Essos habían convertido a Levanna en una sombra. En las Ciudades Libres aprendió a sobrevivir. Su hijo, Oli Sand -así lo registró en los puertos para ocultar su linaje-, creció escuchando historias sobre su padre: el príncipe que luchó con veneno en las venas y fuego en el corazón.

Cuando el rumor de la caída de Daenerys Targaryen llegó a Essos, y con ella la disolución del poder en Poniente, Levanna comprendió que el momento había llegado. Dorne no tenía príncipe. Ellaria y las Serpientes de Arena habían sido ejecutadas, y los Martell, como casa, estaban reducidos a un nombre en los susurros del pueblo.

El barco que la llevó de regreso a Lanza del Sol se llamaba El León del Desierto. Una ironía que Tyrion habría disfrutado.

Al pisar la arena caliente del puerto, los soldados dornienses la miraron sin reconocerla al principio, pero la sangre de Oberyn era innegable en el niño que la acompañaba. Su cabello negro, su sonrisa altiva, los ojos oscuros que ardían con la misma intensidad que los del Príncipe que perdieron.

-¿Quién eres para traer a este niño ante nosotros?-preguntó un viejo consejero del castillo.

Levanna levantó el mentón, con la dignidad que solo las mujeres que han amado y sufrido pueden conservar.
-Soy Levanna Martell. Esposa legítima del príncipe Oberyn Martell de Dorne, y este... -tomó la mano del niño- Este es Oliver Martell, su hijo y heredero.

Hubo un murmullo entre los presentes. Nadie se atrevió a creerlo, pero el parecido era demasiado claro, y las antiguas escrituras del septo -aquellas donde Oberyn, borracho de amor y vino, había firmado su unión secreta- fueron halladas por los maestres.
El pueblo de Dorne, cansado de guerras y de reinas locas, recibió a la levana como si fuera una aparición del destino.

Durante los años siguientes, Levanna gobernó como regente mientras su hijo aprendía el arte de la diplomacia y la guerra. No buscó venganza, pero sí justicia.

Reabrió las rutas con el Dominio, envió vino y sal a Desembarco del Rey y, silenciosamente, negoció con Tyrion Lannister -ahora Mano del actual rey de Westeros- la autonomía plena de Dorne.

El niño creció entre la historia y el mito. Los dornienses decían que la sangre de la víbora roja corría por sus venas, y que su madre, la leona extranjera, había traído de vuelta el orgullo perdido.

Una noche, mientras las olas rompían suavemente contra los muros de Lanza del Sol, Levanna caminó hasta los jardines del castillo. Allí, donde alguna vez Oberyn entrenó a sus hijas, el viento olía a azahar y acero.
"Lo logré", susurró al vacío, mirando las estrellas que él solía nombrar. "Tu hijo reinará. Y ningún león, ni serpiente, volverá a morder su destino."

Al día siguiente, el joven Oliver Martell fue proclamado Príncipe de Dorne, bajo el sol ardiente y el amor del pueblo.
Levanna, vestida de rojo y oro, observó desde el balcón con una sonrisa leve. En su mirada aún brillaba algo de Lannister, pero su alma... su alma era ya del desierto.


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Oliver Martell creció bajo el calor del desierto y el amor de su madre. De niño corría por los patios de Lanza del Sol con el cabello revuelto y la risa fácil, tal como lo hacía su padre en las historias que Levanna le contaba cada noche. Era astuto como un león y temerario como una víbora.

Su educación fue rigurosa. Aprendió a hablar con el filo de una espada y con la dulzura de la palabra. Tyrion Lannister, fiel a la promesa hecha a Levanna, envió libros de estrategia y filosofía; los maestres de Antigua lo instruyeron en la ciencia y la política. Pero fue su madre quien le enseñó el valor del honor, la importancia del perdón y la prudencia de no confiar en los hombres que sonríen demasiado.

De joven, era admirado por su pueblo: alto, moreno, con los ojos dorados y la sonrisa de Oberyn. A los dieciocho años, para asegurar la estabilidad de Dorne, se casó con Nymera Velaryon, descendiente lejana de los antiguos Targaryen que aún quedaban en el continente. Fue un matrimonio político, nacido de la diplomacia, pero el amor los encontró sin que lo buscaran.
Ella tenía la piel clara y un carácter tan indomable como el mar que rodeaba su hogar.

Juntos formaron una alianza que llevó a Dorne a una nueva era: construyó rutas de comercio hacia Essos, unificó los clanes del desierto y devolvió la gloria a los Martell. Su lema, inspirado por su madre, resonó en cada rincón del reino:
"Nunca doblegados,nunca rotos."

Durante décadas gobernó con justicia y pasión, siempre acompañado de Nymera, con quien tuvo tres hijos.

Levanna, ya envejecida, los veía crecer desde los balcones del palacio, tejiendo coronas de flores secas mientras recordaba los días en que el sol de Dorne fue testigo de su juventud junto a Oberyn.

Cuando el invierno llegó al sur -su último invierno-, Levanna ya era una mujer muy anciana. Su cabello, antes dorado ya era todoblanco, y sus manos temblaban al sostener las cosas. Oliver la visitaba cada noche, tomándole la mano, contándole sobre sus hijos, sobre el reino que había prosperado gracias a ella.

Una tarde, los sirvientes la hallaron dormida en su cama, con una sonrisa serena en los labios. Oliver, al verla, cayó de rodillas y besó su frente.
-Descansa, madre. El sol no se apaga, sólo viaja a otro horizonte.

Aquella noche, él pueblo lloro a su Reina y guardaron luto desde la corte hasta los nómadas del desierto.

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Levanna despertó en un lugar que no conocía. El aire olía a vino y a naranjos. Frente a ella, en una terraza bañada por la luz del crepúsculo, un hombre la esperaba con una copa en la mano y una sonrisa traviesa en los labios.

-Tardaste -dijo Oberyn Martell, tan elegante y guapo ,como la última vez que lo vio.

Levanna soltó una risa entre lágrimas.
-Me prometiste una vida juntos, no una eternidad.

-Cumplo lo que prometo, incluso después de la muerte.

Él la tomó de la mano, y juntos miraron el horizonte, donde el sol nunca se ocultaba del todo.

En el más allá, el Príncipe y la Leona bastarda caminaron de nuevo entre jardines, sin reinos que los separaran, sin guerras ni culpas.

Dorne, mientras tanto, florecía bajo el reinado de su hijo.


Fin.

Pedro Pascal __OS__ VOL:2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora