Heroes Fuera de Presupuesto.

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Rias: —Y tú… no eres parte de este mundo, ¿cierto?

Las palabras flotaron en el aire, más frías que el viento que atravesaba el claro. Gohan no respondió al instante. Su cuerpo se tensó sutilmente. No fue un movimiento obvio, pero los que lo conocían bien —como Drag y Gwendolyn— notaron el ligero endurecimiento en su mandíbula, la forma en que sus dedos se cerraron apenas un poco más alrededor de sus brazos cruzados.

Gohan (pensando): ¿Lo notó? ¿O solo está tanteando? Mierda... ¿cómo debería reaccionar?

Drag (en su mente, con voz severa): —Cálmate. No muestres duda. Si ella supiera algo real, no estaría preguntando… estaría señalando.

Gohan (en su mente): —Pero igual lo dijo… como si lo supiera.

Drag: —La nobleza siempre habla como si tuviera todas las cartas. Es un juego de espejos, Gohan. Solo están buscando tu reflejo.

Gohan bajó los brazos lentamente, con deliberación. Sus ojos se entrecerraron y su voz salió calmada, pero con filo.

Gohan: —¿Y eso qué cambiaría?

Rias alzó una ceja, ligeramente divertida. Parecía disfrutar la reacción contenida que había provocado.

Rias: —Depende. Hay quienes no son de este mundo que vienen a destruirlo. Otros... simplemente están perdidos.

Gohan (con tono neutro): —¿Y tú en cuál me pones?

Rias: —Todavía no decido.

Drag (con sarcasmo seco): —Qué alivio. El juicio de la dama roja. El mundo contenía el aliento.

Gohan tragó saliva, manteniendo su compostura. La mención de que no era de este mundo removió una herida que nunca sanaba del todo. No sabía quién más podría estar atando cabos, cuántos más podrían empezar a sospechar. Si su presencia se volvía demasiado llamativa, su única ventaja —el anonimato— desaparecería.

Gohan (pensando): No puedo bajar la guardia. No otra vez.

Pero a pesar de la tensión, su rostro no traicionó sus pensamientos. Siguió firme, oculto tras su máscara, la mirada fija en la noble demoníaca mientras el aire entre ambos grupos se mantenía denso, como la calma antes de una tormenta.

Gohan inhaló profundo.

El aire entró con lentitud por su nariz, llenando sus pulmones, despejando el remolino de pensamientos que amenazaba con desbordarse. Su pecho se expandió ligeramente y luego exhaló, como si con ese aliento también expulsara el peso de la sospecha.

Su postura se relajó apenas. Lo suficiente para retomar el control.

Gohan: —No es de tu incumbencia.

Su voz fue firme. No desafiante, ni agresiva, pero sí con la solidez de una puerta que acababa de cerrarse sin dejar rendijas. Un muro levantado entre lo que se preguntaba… y lo que no se respondería.

Rias entrecerró los ojos, estudiándolo. El silencio que siguió no fue incómodo. Fue estratégico. Como dos jugadores que dejan caer sus fichas sin mirar aún el tablero.

Drag (en su mente, con un susurro satisfecho): —Así se hace.

Gohan no miró atrás, ni a sus compañeros. Mantuvo su mirada fija en los ojos azules de la demonio y dejó que sus palabras colgaran en el aire como una sentencia final. No importaba lo que ella sospechara. No importaba cuán cerca estuviera de la verdad.

La realidad era simple: él no tenía por qué dar explicaciones.

Y en ese instante, el silencio habló más que cualquier confesión.

Son Gohan: Una bestia entre DimensionesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora