Capitulo 34

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"Sí, también te amo", oí a Chloe desde la recámara.

Estaba sentada en la sala, con la laptop en mi regazo, viendo una película y sosteniendo una taza de café en la mano. La película no era muy interesante y estaba más concentrada en beber café que en lo que estaba pasando. Mi clase no era hasta la tarde, la "clase de nerd" por la que Chloe se la pasaba burlándose de mí, pero sentía que me iba a divertir. Hacía un rato, ambas estuvimos haciendo llamadas para la terapia (se me iba a olvidar si no lo hacía), agendando citas para mañana.

Regresó a la sala, bostezando y tronándose el cuello, y se dejó caer en el sofá con un golpe seco; una decisión lamentable, si me permiten añadir. Arrugó la cara de dolor; hasta oí cómo cayó sobre la barra de metal debajo de nosotras.

"Puta madre...", siseó entre dientes.

"Buena esa", contuve la risa, pasándole mi taza de café. "No es morfina, pero no te puedo ofrecer mucho".

"Gracias", dijo con voz rasposa, agarrando la taza y dándole un buen trago. Estaba sintiendo más síntomas de abstinencia, como un asqueroso dolor de cabeza y estar más irritable de lo normal, si... mas.

"¿De qué hablaron tú y Rachel?", cambié de tema, moviendo mi laptop a la mesita de centro.

"Pues, mierdas normales. Su día, mi día, su drama, mi drama. Lo que es mío es suyo y toda esa mierda".

Solo sonreí, mirándola de reojo, y sentí que se me escapaba una risita. No puede decir eso tan casualmente. Suena a algo que diría alguien que se quiere casar.

"No nos está dando la fiebre del matrimonio, Max". Me empujó, lo suficientemente fuerte como para ladearme y casi tirarme.

"A ustedes dos no les molesta ser mis mamás".

Resopló y negó con la cabeza. "No hagas que te estrangule".

Solo me reí entre dientes y centré mi atención en mi cabeza; en el largo de mi cabello, en realidad. Ya me llegaba a los hombros, pero al menos mi fleco estaba consistentemente recto sobre mi frente. Los colores de Chloe se estaban desvaneciendo a azules y rosas pálidos. De verdad necesitábamos darnos una pasada.

"¿Emocionada por volver a la escuela?", preguntó Chloe.

"Nop", negué con la cabeza. "A este paso, terminaré en tres años".

"Está del asco, pero entonces, serás Max Caulfield, fotógrafa famosa que también dibuja muy bien, pero que también sabe hacer trucos de magia".

"Te odio". Decidí empujarla de vuelta. Ella se rio entre dientes y bebió más café.

"Si Rachel te atrapa de nuevo con tu adicción al café, se va a enojar con las dos".

"¡No puedo evitarlo! El café es tan bueno y nunca he estado tan despierta".

"Llámale y díselo. Seguro le encantará".

"No, gracias". Me levanté del sofá. "¿Y tú qué? ¿Lista para la terapia mañana?".

Resopló. "Nunca lo estaré, ¿pero acaso tengo opción? Esa llamada ya fue suficientemente asquerosa".

No me puedo quejar. Ya he pasado por la misma llamada tres veces, así que solo repetía lo que ya había dicho. Aunque oír a Chloe usar su voz de "servicio al cliente" con la persona que llamó fue un poco chistoso.

Me fui al baño, encogiéndome de hombros ante la respuesta de Chloe.

Voy a ver a Kate otra vez. O sea, hablar con ella de verdad. Más vale que me arregle bien y quizá fue lo mejor que mi cabello creciera; nuevo trimestre, nueva yo. O algo así. Rachel sabría qué hacer, probablemente algo ilegal o muy lesbico, o ambas cosas, y me estaría ayudando ahora mismo. Me vi y parecía basura. Todos se ven así en pijama, pero yo era el basurero completo.

La chica de enfrente. (Life is Strange)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora