Capítulo final

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La tienda estaba llena de luz natural y música suave de fondo. Maniquíes vestidos con trajes elegantes ocupaban las esquinas, y una pared completa mostraba telas en diferentes tonos, texturas y cortes. Chifuyu entró algo nervioso, con una libreta llena de anotaciones y un pequeño alfiler de presión entre sus dedos. A su lado, Takemichi caminaba entusiasmado, y Hinata con una sonrisa cómplice, sosteniendo su café con ambas manos.

—¿Estás listo para que te midan mil veces y que te cuestionemos cada botón? —bromeó Takemichi, dándole un codazo leve.

—No sé si estoy listo para nada —murmuró Chifuyu, medio riendo, medio tragándose los nervios.

—Tranquilo —intervino Hinata—. El traje perfecto va a encontrarte. Solo tienes que relajarte... y dejarte consentir un poco.

El probador se convirtió en un desfile silencioso. El primer traje era negro, clásico, de líneas limpias. Chifuyu salió del vestidor mientras Takemichi asentía en silencio, con el dedo en la barbilla.

—Bien, pero no dice "me caso con el amor de mi vida" —opinó Hinata.

Chifuyu asintió dándole la razón y regresó para probarse otro traje. Salió con un segundo traje que era otra vez negro, pero tenía partes que brillaban en la luz.

—Parece que vas a entregar un premio de música, en vez de casarte —dijo Takemichi riendo. Chifuyu frunció el ceño mientras se miraba en el espejo.

Probó un traje azul. Luego, un gris claro. Luego otro sin solapas. Ninguno lo convencía del todo. Hasta que el encargado apareció con una prenda que no estaba entre las que habían seleccionado: un traje marfil con líneas doradas muy sutiles, hecho con lino, buen corte y con botones dorados.

Chifuy dudó... pero se lo probó.

Cuando salió del probador, algo cambió. El silencio en Takemichi fue inmediato. Hinata, que había estado hablando con una vendedora buscando un traje, se giró y sus ojos se abrieron con una emoción suave.

—Ese es —dijo ella con certeza.

 Chifuyu se miró en el espejo. No se sentía disfrazado. No se sentía que intentara ser otro. Se sentía como él, solo más completo, como si su reflejo también supiera lo que estaba por venir. Parecía un hombre que se iba a casar con el amor de su vida.

—Se me nota mucho que estoy feliz, ¿no? —pregunto bajito, apretando los puños a los costados. Estaba luchando para controlar las ganas de llorar al verse ahí luciendo como un novio.

—Se te nota que encontraste el lugar al que perteneces —respondió el alfa, acercándose a abrazarlo sin avisar—. Baji se va a quedar sin aire cuando te vea.

—Y llorar —añadió Hinata, abrazándolos a los dos—. No me cabe duda.

En otro lugar más alejado, el espacio olía a cigarro apagado, café y una pizca de loción barata. El viejo local que alguna vez había sido el taller de motocicletas de Shinichiro, en el que pasaban tiempo cuando eran unos simples mocosos, hasta que cerró. En el fondo estaba Baji sentado junto con Mickey Draken, y entre brazos, el bebé de ambos.

Ese pequeño cachorro que ya tenía once meses de nacido, cabello finito de color negro, con unos ojos grandes y tranquilos oscuros como los de Mikey. Dormía apoyado en el pecho del omega, con una manita aferrada a su camiseta.

—Así que te vas a casar —dijo Mikey, sin rodeos, como siempre. Sonaba casi indiferente, pero en sus ojos había un brillo.

—Alguien más tiene que sentar cabeza, ¿no? —bromeó Baji, dándoles una media sonrisa.

—Y de todos nosotros, jamás pensé que tú serías el siguiente. Siempre pensé que serían Hakkai y Mitsuya —añadió Draken, levantando su vaso de café—. Pero... qué bueno que seas tú. Chifuyu se convirtió en tu hogar. Él siempre estuvo a tu lado, velando por ti. Pero ahora solo lo van a firmar con papel y anillo.

perfect | BajifuyuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora