Capitulo 14 Arco 2

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Secrets I have held in my heart,
Are harder to hide than I thought...
- I wanna be yours (Arctic Monkeys)

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POV Jun

—Y ahora, el siguiente equipo... Ochaco Uraraka y Jun Oboro, enfrentarán al profesor Cementoss —anunció Tio Aizawa por los altavoces.

Sentí cómo Uraraka se tensaba a mi lado. Me giré hacia ella y le di una sonrisa leve.

—Lo haremos bien.

—Sí... —tragó saliva— solo espero no flotar una pared sin querer.

Solté una pequeña risa. La tensión en el pecho era más liviana gracias a ella.

Desde el segundo piso del edificio, observamos cómo las barreras de cemento comenzaban a alzarse, tomando formas aleatorias. Cementoss no solo dominaba el terreno... lo era.

—Ese terreno... cambia con él. —murmuré.
—Nos quiere confundir —añadió Uraraka.

Ambas ajustamos nuestros guantes y empezamos a movernos rápido, bajando por la escalera metálica hacia el caos gris que nos esperaba.

—¡Cuidado, Jun! —gritó Uraraka.

Una torre entera de cemento se vino abajo con velocidad, y apenas salté hacia el lado antes de quedar atrapada.

El golpe al caer me hizo vibrar los huesos, pero no me detuve. Me levanté, jadeando. Las partículas en el aire hacían difícil ver más allá de unos metros.

—Tenemos que salir de aquí —dije, reuniéndome con ella detrás de una muralla improvisada.

—Sí, pero no podemos escapar sin distraerlo. Él sabe por dónde vamos. Lo siente todo. —Uraraka apretó los labios.

—Entonces hay que engañarlo.

Le conté mi plan rápido: ella flotaría una piedra grande y yo usaría mi nube para cubrir la visión al momento justo. Si él intentaba atraparnos con otra muralla, la piedra caería donde calculamos que estaría.

—¿Y si no funciona? —susurró.

—Entonces improvisamos. Pero no vamos a perder aquí.

Su rostro se endureció. Asintió.

Las murallas temblaban. Cementoss no era un villano real, pero no se contenía.

Todo pasó rápido. Uraraka flotó la piedra, la nube estalló desde mis manos. El concreto se levantó, pero la piedra cayó más rápido, desviando una de las paredes lo suficiente para que nos coláramos por una abertura.

Las luces de la salida brillaban a lo lejos.

—¡Corre! —grité, tomando su mano.

Sus pies apenas tocaban el suelo mientras volábamos por ese último tramo. El pasillo se cerraba a nuestros lados.

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