Su mente es un mar de confusiones. Necesita respuestas, necesita la verdad. La carretera esta tranquila para ser fin de semana, y ella aprovecha para acelerar. Llega en menos de lo pensado y se detiene unos segundos frente a la casa de Will, todo tiene una apariencia distinta hoy.
La luz golpea el rostro del muchacho cuando Eva abre de repente las cortinas azules de su cuarto. Es temprano, no sabe exactamente cuan temprano es, pero de todos modos desea arrojarle un almohadón; claro que no lo hace, pero entierra su cabeza entre las mantas.
-Will debes ayudarme. -dice Eva, y comienza a sacudirlo para sacarlo de su somnolencia. Él suelta un gruñido que detona sueño, pero algo dentro suyo se despierta de pronto. Ella es como su hermana, y también sabe que es muy orgullosa como para pedir ayuda, al menos que sea algo importante.
Se sienta al borde de la cama y ella voltea la vista; él sólo lleva puesta su ropa interior. Cuando Will lo nota, jala las sábanas y se cubre de nuevo, avergonzado. Su piel es tan blanca que parece brillar, sus ojos azules, apenas abiertos, se asemejan al cielo, su cabello naranja desordenado se asemeja a las hojas de los árboles en otoño.
-¿Eres consciente que son como las 8 de la mañana, DE UN DOMINGO?- la vergüenza opaca un poco el sentimiento de preocupación, pero sólo un poco. Vislumbra el reloj que está sobre su mesita de noche, sí, son las 8:15 a.m.
-Sí, lo sé. Tú madre me dejó entrar así que no puedes decirme nada-. Le contesta Eva, mientras camina por el cuarto de su amigo, admirando y reconociendo las fotografías que este tiene enmarcadas sobre su escritorio; fotos con ella.
Will vuelve a cubrir su rostro y se esconde de la invasión del sol.
-¿Al menos puedes dejar que me vista, Eva? -asoma sus brillantes ojos y la ve asentir suavemente. Ella sale del cuarto y su cabello resplandece bajo los efectos del sol, como la primera vez que la vio.
Aquella vez su amiga estaba de espaldas y su cabello castaño brillaba como hoy. Hace trece años nadie hubiera apostado por su amistad; se detestaban. Era cómico ver a dos niños de cinco años discutiendo por un trozo de plastilina, hasta que alguno de los dos se enfadaba de verdad y ambos acababan castigados y con cabellos de su oponente en sus pequeñas manos.
Luego de ese año de guerra no volvieron a verse hasta mucho después, ya crecidos y proclamándose mejores amigos de la nada.
Quince minutos después la puerta vuelve a abrirse y Evangeline entra como una hiena. Will coge una almohada y la pone como escudo de la furia de su mejor amiga, pero ella no va a por él. La joven se dirige al armario de él y toma unos jeans gastados azules oscuros y una camiseta clara, camina con paso decidido hasta su amigo y tira del almohadón, dejándolo desprotegido.
-ES HORA DE LEVANTARSE WILLIAM JOHNSSON!!!- arroja la ropa sobre él y vuelve a salir de la habitación dando un portazo. Al cabo de unos minutos, Will sale vestido pero descalzo, la mira y no puede evitar reírse...
-¿Qué? -le espeta ella, algo molesta por su parsimonia y tardanza, pero fascinada con su loock despeinado.
-¿Cuando comenzamos a vestirnos iguales? -él nota la sorpresa en su rostro y comenta -¿lo has hecho adrede?-. Levanta una ceja y le lanza esa mirada coqueta que ella tanto detesta.
-Claro que no. -contesta Eva a la defensiva. -¿estás listo? -está vez su voz es más amable pero igualmente firme. -He preparado café, tú madre salió cuando llegué, ya le he avisado que saldremos-. Se encamina hacia la puerta, pero luego recuerda que Will continúa sin zapatos y se obliga a ser paciente, dejándose caer en una butaca de la cocina.
ESTÁS LEYENDO
Evangeline
Teen FictionSus ojos resplandecen con la luz matutina, el cuarto esta en calma. Los violines suenan a lo lejos y el olor a café se siente en toda la casa. Dejando un pasado trágico los recuerdos se vuelven esenciales para seguir adelante. ¿Podrá Evangeline re...
