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Dónde lo dejamos
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Brooklyn se encontraba en el sofá leyendo un libro con su mano izquierda, pues con la derecha aún sostenía a Kai, el cual aún seguía chupando su pecho sin intenciones de querer soltarse. Pero esto a la pelirosa no le molestaba en lo absoluto es más, le parecía lindo que lo hiciera. Le encantaba la sensación de su boca cálida y suave sobre su piel, la forma en que sus suspiros se convertían en un zumbido reconfortante contra su pecho. Con una sonrisa tierna, pasaba las páginas del libro con suavidad, intentando no perturbar el sueño plácido de su amado.

El ambiente en la sala era tranquilo, solo se escuchaba el suave chupar de Kai, la lluvia persistente contra las ventanas y los lejanos murmullos de las demás chicas en la cocina, riendo y disfrutando del desayuno.

Nagatoro: Brrr, hace un poco de frío, ¿no?

murmuró Nagatoro, frotándose los brazos mientras entraba a la sala cargando una pila de cobijas suaves y mullidas que había encontrado en un armario.

Gwen: Un poco, sí

respondió Gwen, que observaba a Kai y Brooklyn con una mirada tierna.

Gwen: Él parece estar muy calientito ahí, por lo menos.

Nagatoro sonrió con picardía.

Nagatoro: Pues hay cobijas para todos. ¡Nuestro rey no puede ser el único consentido!

Con cuidado, para no hacer ruido, Nagatoro extendió la cobija más grande y suave sobre Kai y Brooklyn, arropándolos con mucho cuidado. Luego, procedió a repartir las demás entre las otras chicas que empezaban a congregarse en la sala. Sammy y Yazmina aceptaron la suya con una sonrisa, envolviéndose juntas en un mismo lado del sofá.

Gwen se acercó al sofá donde estaba Kai. Con movimientos lentos y llenos de cariño, se sentó en el borde, justo a la altura de su cabeza. Extendió su mano y comenzó a acariciar suavemente el cabello de Kai, deslizando sus dedos entre sus mechones con una ternura que hizo que Brooklyn sonriera al verla.

Gwen: Duerme tan tranquilo.

susurró Gwen, casi para sí misma.

Gwen: Parece un niño.

Brooklyn: Es nuestro niño grande.

respondió Brooklyn en un susurro igual de bajo, lleno de amor.

Fue en ese momento de quietud cuando Kobayashi asomó tímidamente su cabeza desde el pasillo que conducía a la cocina. Sus grandes ojos observaron la escena a Brooklyn serena y maternal, a Gwen acariciando el cabello de Kai, y a las demás arropadas y cómodas. Una sonrisa tímida se dibujó en sus labios.

Con pasos silenciosos, casi felinos, se acercó al sofá. En su mano sostenía un pequeño estuche con varias pastillas blancas perladas.

Kobayashi: B-Brooklyn... G-Gwen...

susurró, casi sin querer romper el hechizo de tranquilidad.

La pelirosa y la rubia levantaron la mirada hacia la chica de pelo azul. Su expresión se suavizó al verla.

Brooklyn: Hola, Kobayashi. ¿Todo bien?

preguntó Brooklyn en un tono igual de bajo.

Kobayashi: S-sí, todo bien.

respondió esta, jugueteando nerviosamente con el estuche.

Kobayashi: Es sobre una pastilla... la estuve haciendo estos días al ver que a Kai le encanta estar ahí.

Abrió el estuche, mostrando las pastillas perfectamente alineadas. Todas las chicas en la sala volvieron su atención hacia ella, curiosas.

Kobayashi: Pensé... que si a nuestro amor le gusta tanto... qué tal si esta pastilla te ayuda a acelerar el cuerpo y te permite producir leche, así Kai tendrá desayuno.

Amor Cretacico (Harem)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora