Sakura silbó bajo sin poder evitarlo, sus ojos yendo y viendo de un lado hacia otro mientras miraba la enorme mansión que tenía al frente. Había tocado el timbre hacia sólo unos segundos y la reja enorme y negra comenzó a deslizarse para darle pasó. Sus cejas se alzaron..
— Bonito..—, dijo mientras entraba, poniéndose de lado, demasiado ansiosa para esperar que la reja se abriera del todo.
Caminó sin dejar que sus ojos verdes se quedarán quietos por mucho tiempo. Ella jamás había creído que entraría a esa zona del pueblo, donde los ricos tenían sus grandes casas y sus enormes y preciosos jardines. Bueno, ellos ciertamente no eran pobres, pero no tenían esa enorme mansión como los Hyuga.
Se acomodó mejor el bolso pesado que llevaba en el hombro y sonrió cuando vió a Hinata parada fuera de la puerta de la entrada de la mansión que era su casa.
— ¡Sakura!— saludo emocionada al verla allí.
Ella no pudo evitar devolverle la sonrisa. En esos quince días que llevaba tratandola, se había dado cuenta que Hinata era una chica muy tierna. Definitivamente, no era a lo que ella estaba acostumbrada, y obviamente Hinata no estaba acostumbrada a ella tampoco. Pero, extrañamente, se complementaban de una manera casi perfecta. Mientras Sakura parecía una tormenta furiosa y explosiva, Hinata era un día calmado y soleado.
—¡Hinata!— la saludo con un pequeño trote, se detuvo justo frente a ella alzando el pesado bolso para que lo viera en primer plano—. He traído todo lo que necesitamos.
Hinata mostró en su rostro su confusión.
—¿Para qué?— preguntó, ladrando su rostro a un lado.
— Oh. Ya lo verás —, respondió misteriosamente, mientras la tomaba del brazo y la hacia entrar a la casa....
— Yo.. no creo..—, tartamudeo Hinata, unos minutos más tarde, mientras miraba su reflejo en el espejo de su habitación.
Sakura estaba ocupada terminando de pintar sus ojos verdes con rimel negro. Ella giró su cabeza y sonrió.
—¿Ves? Eso queda precioso en ti.
Hinata hizo una mueca, girando levemente en el espejo y mirando su perfil. Sakura sonrió, trabajar en la tienda de sus padres le había dado algunos conocimientos de moda. Y jamás admitiría que había estado viendo varios vídeos en Instagram para poder ayudar a Hinata con su guardarropa.
Aún faltaba para el baile de fin de año, pero ella tenía una salida a la playa ese fin de semana y decidió invitar a Hinata. Bien sabía, que la niña necesitaba ser un poco más sociable. Aunque, era algo hipócrita viniendo de ella, ya que no tenía amigas realmente. Su madre, estaba emocionada de conocer a Hinata cuando Sakura preguntó si podría invitarla. Era muy consciente de que su madre se preocupaba por su hija más pequeña, que no tenía tantos amigos como su hermano mayor.
Obviamente, Naruto llevaría a sus amigos como siempre y Sakura no quería estar entre ellos por lástima. Aunque eso le daba la posibilidad de compartir cosas con Sasuke, su hermano siempre estaba en el medio. Tal vez era egoísta también, pensó con una mueca, ya que quería a Hinata también allí para que distrajera a Naruto, que parecía bastante interesado en ella, más allá de sus bromas de mal gusto.
Hinata las distrajo de sus pensamientos cuando alzó un poco la falda blanca y suelta de su vestido veraniego. Este estaba un poco ajustado en la parte de arriba, y tenía un bonito pliegue en el medio, justo abajo de su enorme busto, y caía suéltame hasta un poco más arriba de sus rodillas, en forma recta. El corte del vestido, le daba una figura de reloj de arena, ya que ella tenía una cintura pequeña y ocultaba su estómago un poquito más grande.
Sakura se alzó de su silla, sonriendo.
— Puedes ponerte un pantalón corto bajo el vestido si temes que se alce—, dijo, leyendo la incertidumbre en el rostro de la morena.
Hinata se mordió el labio y asintió.
— Si, no me sentiría cómoda o sino— respondió soltando los pliegues de su vestido.
— Supongo que tendrás unas sandalias o zapatillas, chatas y blancas ¿verdad?
Hinata se giró con una pequeña sonrisa.
— Si—, dijo mientras volvía a la puerta de donde había salido.
Sakura la siguió, aún se sorprendía cuando veía ese cuarto, que parecía tan grande como en el que había estado hace un momento. Era un enorme guardarropa, con prendas colgadas en perchas.. definitivamente podría ordenar sus ropas por colores. También había una gran variedad de zapatos, zapatillas y cualquier cosa. Ella tomó la percha que tenía más cerca y lo sacó para ver un vestido azúl, aunque era uno sin forma y mucho más grande de lo que le había traído ella misma.
Negó con la cabeza mientras volvía a dejarlo y giró su cabeza hacia Hinata que caminaba a ella.
—¿Cuál?— preguntó mostrando dos modelos.
Sakura ni siquiera lo dudo, apuntó las Converse blancas.
—¿Tienes más de esas?—, preguntó ya que amaba ese modelo.
Hinata asintió y le hizo una seña para que la siguiera. Sakura lo hizo y se detuvo con un jadeó cuando entro al paraíso.
—¡Oh, Dios mío!— jadeó mirando tantas Converse que sus ojos casi se fueron hacia atrás.
— Toma las que quieras— dijo Hinata, dejando las sandalias en otro apartado.
Sakura ni siquiera lo dudo un segundo, se abalanzó para ver los modelos que tenía y tomó las negras con una plataforma un poco más altas.
—¿Puedo probarmelas?— preguntó, mientras miraba a Hinata sentada poniéndose sus Converse blancas.
Ella asintió y Sakura ni siquiera se sentó para sacarse las que tenía y ponerse ese modelo. No le quedaban perfectas, era un poquito más grandes, pero cómodas.
—¿Van bien?— preguntó Hinata mientras se levantaba de su silla, agitando su falda que se había pegado a su trasero.
— Oh, son perfectas —, contesto con una enorme sonrisa.
— ¿Las quieres? Son tuyas.
Sakura alzó su cabeza de golpe, había estado tan concentrada en las zapatillas y miró sorprendida a Hinata. Ella siempre había querido ese modelo, pero había sido muy caras para pedirles a sus padres que gastarán ese dinero en unas simples zapatillas.
— Oh, no. Yo no..
— Claro que sí —, dijo Hinata con una sonrisa, sus mejillas sonrojadas—. Jamás las he usado y no me gustan—, ella hizo una mueca—. Mamá me las compró, dijo que haría que mis piernas fueran más largas. Pero no me gusta.
Sakura aún no podía creerlo y sólo miró, parpadeante hacia Hinata.
— Además, tú me has ayudado mucho más. Unas simples zapatillas no son nada—, Hinata bajó la mirada, jugando con sus dedos a la altura de su estómago.
—¿Unas simples zapatillas? ¿Estás loca?— preguntó Sakura con una sonrisa.
Hinata le devolvió la sonrisa y se encogió de hombros. Sakura sonreía, pero de pronto la culpa le hizo borrarla. No había sido totalmente sincera con la chica, y no podía llevarla sólo para que distrajera a su hermano. Ella suspiró suavemente.
— Hay algo que no te dije...
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