Hinata lo intentaba, lo intentaba muy duro. Jamás se había sentido tan incómoda en su vida, como siendo receptora de las atenciones de un chico... No, de un hombre, como lo era el hermano mayor de Sakura.
Ni siquiera lo había visto aún, pero sólo saber que tendría que distraerlo, para que ella pudiera hablar con un tal Sasuke, le ponía el corazón a mil y la cara como semáforo rojo. Había conocido a los padres de Sakura, personas muy amables que las llevaron a ambas a la casa que habían alquilado para ese fin de semana largo. La verdad, es que ellos eran personas que se alegran que su hija tuviera un amiga, así podrían salir sin dejarla sola. Ya que apenas llegaron, le dijeron a Sakura que saldrían y ya no volvieron a verlos.
Ambas, ahora estaban sentadas en reposeras de madera, en el patio trasero que tenía una bonita piscina. Aunque, si seguían caminando, este daba justo a la playa y el mar, una parte privada al parecer.
Hinata se estaba mordiendo el labio, su pie rebotando contra el suelo casi impulsivamente.
— Tranquila—, le murmuró Sakura, bajando un poco su lente oscuro de sol y mirándola —. Él no va a comerte. O eso espero..
Hinata abrió grandes sus ojos, imaginando por un momento un enorme monstruo, de profundos ojos azules, cirniendose sobre ella, con garras y colmillos. Le distrajo la carcajada de Sakura.
— Sólo bromeó, tranquila. Puede ser un gran pedazo de idiota, pero no es malo—. Sakura dejó el teléfono que había estado mirando y se sentó más recta en la reposadera—. Ya te dije todo lo que tienes que saber de él. Tiene 20, pero se comporta como alguien de 15. Tranquila, es inofensivo.
Hinata hizo una mueca, eso no calmaba su corazón palpitante.
—¿Cuánto tiempo?— murmuró, nerviosamente.
— Ah..—, suspiró sonoramente Sakura —. Ni siquiera sé si podré hablar con él. No te preocupes al balde, ¿vale?
Hinata se mordió el labio pero asintió. Ella desvío su mirada a la pileta, se sentía aún más peor al tener un traje de baño que probablemente jamás hubiera usado en su vida. Cuando lo vió en el espejo, se sorprendió de su propio reflejo, y estaba contenta de usarlo. Pero ahora, estaba muy consciente de sus rollitos y los pocitos que tenían sus nalgas. No es que las estaría mostrando, la braga del traje de baño era alta, llegaba hasta su cintura y cubría casi todo su trasero. Y la parte de arriba cubría sus pechos, y era seguro, no se caerían ni se movería si, por una locura, decidía meterse un poco en el mar. Jamás le había gustado usar trajes de baño, razón por la cuál, nunca había aprendido a nadar. Se divertía manteniéndose en la parte baja de las piletas y siempre cerca de la orilla cuando estaba en la playa.
Todo su cuerpo se tensó cuando escuchó ruido de motores y sus ojos asustados fueron hacia Sakura. Ella también se alzó, sacándose sus lentes oscuros e intentando ver por las grandes puertas de cristal que daban al interior. Con manos temblorosas, se tapo el sostén.
— No puedo..— murmuró angustiada.
Sakura la miró fijamente y luego volvió su mirada a las puertas de cristal cuando se escucharon risas y voces, inentendibles, masculinas.
— Demasiado tarde para dar marcha atrás —, casi gruñó Sakura, parándose y poniéndose al lado de su silla.
Hinata la observó con ojos enormes. Entendía que ella no dudará ni se incomodara con su cuerpo. Sakura era muy bonita. Sus pechos eran pequeños, pero firmes. Su estómago tenso, con un poco de musculatura. Tenía un bonito trasero respingon, sin ningún pocito, y unas piernas largas y bien formadas. Ella llevaba un bikini pequeño color negro, uno que ni en sus sueños más atrevidos, se atrevería a llevar.
Hinata escuchó que la puerta corrediza de cristal se abría y miro hacia la reposera de Sakura, notando una gran toalla rosa. Se lanzó hacia ella, inclinándose para tomarla y levantarse para taparse.
—¡Ey! ¡Hola!— saludo Sakura alegremente.
Hinata sentía su cara caliente, pero logró pararse. Tenía el cabello en una coleta que le había hecho Sakura, dejando su flequillo y algunos mechones sueltos que se pegaban en su cara sudorosa. Uso todo su valor para subir levemente los ojos, y casi se queda sin aliento.
Allí estaba el hermano de Sakura, Naruto, al frente de grupo. Él tenía los ojos grandes, mirándola fijamente. Ella se encogió un poco por la intensidad de su mirada y dió un paso más cerca de Sakura, casi a su espalda y escondiéndose de él.
— Veo que vinieron todos—, siguió Sakura, alegremente, como si no notará como Hinata estaba por hacerse un charco en el suelo.
Sus dedos se apretaron en la toalla rosa, por lo menos había llegado a cubrirse toda su parte frontal.
— Vino mi amiga—, siguió Sakura, su sonrisa vacilante cuando le dió una mirada hacia ella. Frunció un poco el ceño, su mirada verde dura, diciéndole que no tuviera miedo—. Ella es Hinata.
Hinata se mordió el labio, desviando sus ojos de su amiga hacia el hermano de está. Él sólo parpadeó, Pero seguía teniendo los ojos grandes y sus cejas rubias casi se perdían en los cabellos del mismo color un poco largos que caían a su frente.
— Uh.. Hola..—, murmuró y luego dió un paso más, finalmente escondiéndose de su mirada intensa, en la pequeña espalda de Sakura.
—¿Y bien?— siguió Sakura, apoyando su mano en su pequeña cadera—. ¿Qué tienen planeado para este fin de semana?
—¿No es tu prima?— ella reconoció la voz de Kiba e hizo una mueca—. ¡Ey, Hina!
Ella sacó sólo una parte de su cabeza, mirando de dónde provenía la voz y sonrió, sin poder evitarlo. Ella alzó una mano, haciendo un pequeño saludo, pero volvió a esconderse, con temor a mirar hacia el hermano de Sakura.
Y mientras escuchaba que Sakura seguía hablando, no pudo evitar preguntarse...
¿Cómo le haría ese favor a su nueva amiga, si ni siquiera podía soportar su mirada?
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