Capitulo 10

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- El eco de su voz (Borrador)

La habitación estaba en penumbras. Las cortinas dejaban pasar apenas un hilo de luz plateada que se colaba por la ventana y bañaba el cuerpo inmóvil que yacía sobre la cama. La respiración de Luffy era lenta, tan débil que a veces parecía detenerse, obligando a quienes lo cuidaban a contener la suya. Vendajes blancos cubrían su torso, sus brazos y su frente, recordatorio cruel de cada batalla que había peleado, de cada herida que había cargado por proteger a los demás.

Sabo permanecía sentado a su lado. Su mano apretaba con fuerza la de su hermano menor, como si con aquel simple gesto pudiera mantenerlo anclado a la vida. Sus ojos, cansados por noches en vela, estaban fijos en el rostro sereno de Luffy. Un rostro que, aunque tranquilo, parecía vacío, atrapado en un sueño del que no despertaba.

-Luffy... -susurró con la voz quebrada-. Sé que puedes oírme, hermano.

Nadie le había confirmado nunca que las personas en coma escucharan, pero él se aferraba a esa esperanza.

Se inclinó un poco más, apoyando la frente sobre la cama, mientras los recuerdos lo golpeaban sin piedad: tres niños alzando copas de sake, jurando ser hermanos para siempre; las risas en el bosque de Goa; la mirada desafiante de Ace cada vez que Luffy lloraba y él, Sabo, tratando de calmar ambos extremos. Pero ahora Ace ya no estaba. Y la idea de perder también a Luffy era una daga que se hundía más hondo cada día.

Dentro del mundo oscuro de Luffy, había silencio. Un océano sin estrellas se extendía bajo sus pies, aunque él no estaba seguro de estar caminando o flotando. No recordaba cómo había llegado allí. Tampoco sabía hacia dónde debía ir. Solo... estaba. Y en esa nada escuchaba un eco lejano, una voz que repetía su nombre como si quisiera sacudirlo:

"Luffy..."

Se giró en todas direcciones, buscando el origen de esa voz, pero solo encontraba sombras y olas que no mojaban. Su instinto le decía que debía correr hacia el eco, aunque cada paso era pesado, como si estuviera hundido hasta las rodillas en barro invisible.

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Mientras tanto, en el Sunny, la tripulación se reunía frente a la puerta cerrada. Nadie quería interrumpir a Sabo, que rara vez se permitía mostrarse tan vulnerable. Chopper abrazaba su cuaderno de notas, con las orejas gachas y los ojos húmedos. Sabía que médicamente era un milagro que Luffy siguiera vivo después de tres años en aquel estado, pero no se atrevía a decirlo en voz alta.

Nami mantenía la mirada clavada en el suelo, apretando el mango de su bastón climático. Su mente calculaba, organizaba, buscaba rutas en los mapas... pero su corazón no dejaba de susurrarle que nada tenía sentido si Luffy no despertaba para seguir guiándolos.

Zoro estaba recargado contra la pared, los brazos cruzados y la mandíbula tensa. No había pronunciado una sola palabra en horas. No necesitaba hacerlo. Todos sabían que su silencio era un grito contenido.

Sanji encendió otro cigarrillo, el quinto en menos de media hora. El humo llenaba el pasillo y le nublaba la vista, pero así disimulaba las lágrimas que se resistían a caer.

Brook acariciaba su violín sin tocarlo, como si estuviera esperando el momento justo para devolver un poco de música a esa atmósfera sofocante.

Y Usopp... Usopp apretaba sus labios con fuerza, luchando contra el miedo que se retorcía en su estómago. No era un guerrero como Zoro ni un genio como Nami, pero había hecho una promesa: seguiría a Luffy hasta el fin del mundo. Y no pensaba romperla, aunque ahora ese fin pareciera más cerca que nunca.

-¿Entramos? -preguntó finalmente Chopper con voz temblorosa.

-Sí -respondió Nami, sin levantar la mirada.

Uno a uno, empujaron la puerta y entraron en la habitación. El aire estaba cargado de silencio y esperanza rota, pero al ver a Sabo inclinado sobre la cama, nadie se atrevió a hablar primero. Fue Sanji quien rompió la quietud, con su tono áspero pero cálido:

-¿Cómo está, hermano?

Sabo levantó la cabeza lentamente. Sus ojos estaban rojos, pero en su rostro aún había determinación.

-Sigue luchando. Yo lo sé.

El rubio asintió y dejó el plato que traía sobre la mesa, aunque sabía que nadie lo comería. Había cocinado carne, como cada día, esperando que el aroma lograra lo que la ciencia no podía.

Nami se acercó a la cabecera, tomó la mano libre de Luffy y la sostuvo con ternura.

-Capitán... -susurró, con lágrimas deslizándose por sus mejillas-. Tienes que volver. No puedes dejarnos a mitad del camino.

Brook, finalmente, levantó su violín y dejó que una melodía suave llenara la habitación. Era la misma canción que solía tocar por las noches, cuando Luffy le pedía música para dormir. La voz de Brook se unió al violín, temblorosa pero llena de sentimiento:

-Yo ho ho ho...

En ese instante, algo cambió.

El pecho de Luffy se agitó con un movimiento casi imperceptible. Su respiración se aceleró apenas, lo suficiente para que Chopper lo notara y exclamara con un grito ahogado:

-¡Se ha movido!

Todos contuvieron el aliento. Sabo, con el corazón latiendo desbocado, apretó más fuerte la mano de su hermano.

-Vamos, Luffy... hazlo otra vez.

Un silencio absoluto llenó la habitación. Entonces, una lágrima rodó lentamente por la mejilla de Luffy, perdiéndose entre los vendajes.

El mundo se detuvo.

Usopp rompió en sollozos, cubriéndose el rostro con ambas manos. Nami apretó más fuerte la mano del capitán, como si temiera que ese pequeño milagro desapareciera en cualquier momento. Sanji apartó la vista, pero no pudo evitar que la ceniza de su cigarrillo se deshiciera sobre el suelo por el temblor de sus dedos.

-Está luchando -dijo Zoro, con una sonrisa apenas visible, cargada de orgullo.

Sabo inclinó la cabeza, con lágrimas cayendo libremente.

-Sabía que no me ibas a dejar solo, hermano.

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En el mundo onírico, Luffy finalmente vio algo distinto a la oscuridad: una chispa de luz en la distancia. La voz de Sabo resonó más fuerte, clara como un grito en medio del silencio:

"Vamos, Luffy... regresa."

El muchacho comenzó a correr, esta vez sin sentir el peso que antes lo retenía. Sus pies golpeaban la nada con fuerza, mientras en su pecho nacía un ardor conocido: la promesa de no rendirse jamás.

Y aunque no llegó a la luz todavía, supo que había encontrado el camino.

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Ese fue el comienzo. No su despertar completo, no aún. Pero fue suficiente para encender la esperanza en los corazones de todos.

Porque, por primera vez en tres años, Luffy había respondido.

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⏰ Última actualización: Sep 29, 2025 ⏰

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