Capitulo 170: Moro 7-3

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Moro exhaló aire tras completar su proceso de transformación, se había tragado al androide OG 7-3 y ahora había incorporado sus habilidades. Con solo tocar la nuca de uno, podía copiar sus técnicas.

"Esto es muy malo..." Raditz apretó los dientes con violencia y se giró hacia Piccolo, "Hombre verde, ¿tienes algún plan?"

"El único que tenía ya lo hice, no tengo planes de reserva" Piccolo esbozó una sonrisa forzada y Raditz soltó una pequeña carcajada.

"Cómo es la vida eh, hace años tú y yo peleábamos a muerte y ahora peleamos para matar a la misma persona" Raditz recordó con un deje de nostalgia.

"Fueron buenos tiempos, pero no es momento para ponerse sentimental" Piccolo solamente le miró de reojo.

"Nah tranquilo, ya tengo esposa y una hija" Raditz sonrió hasta que de repente, a una velocidad que escapó totalmente de su comprensión, el devorador de mundos apareció detrás de ambos.

"Una charla muy emotiva, ¿me dejan sus habilidades por favor?" Moro preguntó sarcásticamente mientras extendía sus brazos para alcanzar la nuca de los dos guerreros.

Raditz le golpeó el brazo con su cola y rodó por el suelo pero desafortunadamente Piccolo no pudo esquivarlo y Moro le alcanzó la nuca, copiando sus habilidades en el proceso.

"Bueno veamos qué hay por aquí..." comentó Moro con una sonrisa tirando a un lado a Piccolo. Puso dos dedos en su frente y cargó un haz de energía, "¡Makankosappo!"

Moro lanzó la técnica insignia de Piccolo hacia Raditz, quien vio esto incrédulo. Una gran explosión se produjo en ese momento, los guerreros z estaban atónitos.

El humo se esclareció y Raditz apareció con un rasguño en el hombro. Un poco más y no habría podido esquivarlo, "Ja... debiste apuntar a la cabeza"

"Déjame tomar tu consejo" Moro alargó sus brazos como Piccolo y ató a Raditz impidiendo que se pudiera mover.

"T...tú" Raditz se estaba esforzando por liberarse pero le estaba resultando imposible.

Piccolo lanzó una ráfaga de energía pero Moro la desvió con su aura como si nada, "Vaya, eres una cucaracha molesta" comentó con enfado el mago, "FUERA"

Moro arrojó una granada de Ki desde su boca en dirección al namekiano, quien la recibió sin poder hacer más a cambio, generando una explosión en la zona.

"Por dónde íbamos..." Moro se giró hacia Raditz, quien seguía atado con los brazos del devorador de mundos, "Ah sí... ¡Makanko...!"

Moro empezó a cargar el ataque de energía, reuniendo una cantidad increíble de Ki, "¡... sappo!" lanzó la técnica sin piedad hacia un Raditz que estaba indefenso.

"... KIENZAN..."

Un disco de energía apareció de la nada y cortó el brazo de Moro que ataba a Raditz, haciendo que quede liberado y cayera al suelo. Apenas tuvo décimas de segundo para reaccionar ante el Makankosappo, que pasó por encima.

"Por los pelos... gracias calvo" habló Raditz mirando a Krilin, que era quien había lanzado el disco destructor de energía.

"Diablos... ¿dónde estará Goku?" Yamcha apretó los puños. Ahora más que nunca es cuando necesitaban a su amigo.

"O Gohan... o incluso Vegeta... si estuvieran aquí" murmuró Krilin, pues no veía esperanzas en estos momentos para vencer a Moro.

Bardock simplemente sentía impotencia, pues su nivel de poder era infinitesimal en comparación al de las amenazas que enfrentaban sus hijos continuamente y en este momento.

"Raditz... ¿qué hay de la fusión?" comentó Bardock, recordando aquella vez que enfrentaron a Majin Buu cuando sus nietos Goten y Raunch hicieron la fusión.

"La fusión... pero aquí no hay nadie con un nivel similar de poder al mío, a lo mucho el hombre verde pero es bastante más débil que yo en este momento, no creo que sea buena idea hacerlo, se necesita algo más para vencer a Moro" respondió Raditz con seriedad.

En esos momentos extrañaba a Goku o a su sobrino. Ellos dos eran genios, se inventaban cualquier método improvisando con lo que había, pero él no era de esa manera.

"Bueno... ¿ya terminaron de despedirse?" comentó Moro mientras su brazo goteaba sangre, "Pues bien" el mago aumentó su energía y su brazo fue regenerado.

"Solo nos queda pelear hasta morir, de todas maneras mi hermano o el mocoso nos resucitarán en caso de que esto llegue a salir mal" comentó Raditz con una sonrisa, "...¿Qué?"

"No puede ser" Krilin estaba catatónico.

"¿Qué pasa? ¿El miedo les ha paralizado?" preguntó Moro sin entender porqué no le estaban atacando. Hasta que se giró en la dirección que ellos estaban mirando, y sus ojos se abrieron, "... ¿Eh? ¿Qué es esa criatura?"

En la distancia, había un ser colosal de color verde... ¡era Porunga!

"Ya veo por qué el cielo se puso oscuro de repente..." Krilin miró a Yamcha, quien entendió de inmediato a qué se refería su amigo.

"... ¡Las esferas del dragón!" Moro no tardó en caer en la cuenta, de hecho si había venido aquí era para obtener su deseo: volver a su mejor momento, así su magia sería más poderosa.

Moro encendió su Ki y voló a una velocidad increíble hacia la dirección donde estaba Porunga, quería su deseo a toda costa.

"¡Hay que detenerlo!" gritó Raditz siguiéndole el rastro y el resto de guerreros fueron detrás de él. Todos salvo Piccolo.

"Ah... maldición, no tengo más energía..." Piccolo miró el cielo, jadeando con cansancio y dolido por las heridas, "... Mierda, no puedo ni defender mi propio planeta..."

Moro llegó adonde estaba Porunga, en una aldea namekiana. Ahí estaba Elder Moori, que había reunido las esferas para invocar al dragón.

"Tú qué buscas la destrucción del pueblo namekiano"

"Zarama, el dios de los dragones, nos dio como obsequio las esferas del dragón para premiar a aquellos que defendían a los namekianos de seres como tú... PORUNGA, ES HORA" gritó el patriarca de Namek.

"Como usted diga Patriarca..." los ojos de Porunga brillaron en un carmesí que llenó de misterio a Moro, quien sin perder tiempo lanzó una ráfaga de energía hacia el patriarca, quien desapreció misteriosamente.

"¿Cómo?" Moro estaba atónito, se giró hacia Porunga y vio que este también se estaba desvaneciendo hasta desaparecer, "¿Qué demonios está pasando aquí?"

"No entiendo nada" Raditz estaba igual de perdido que él, hasta que de repente una torre de luz emergió en la otra punta del planeta. Y de ahí empezó a distinguirse una silueta.

Este era... ¡Orange Piccolo!

 ¡Orange Piccolo!

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