Era lunes por la mañana. Los empleados de la casa principal se movían de un lado a otro con prisa. Aquel día sería especial: volvería a verlo. Su corazón martilleaba en el pecho, lleno de una emoción contenida; el joven amo había regresado.
Desde lejos, entre los surcos que labraba, observó cómo Mingi bajaba de un automóvil —uno de esos artefactos de metal que había visto en los libros durante sus lecciones de lectura— del brazo de una hermosa señorita que le reía con complicidad. Él solo siguió trabajando la tierra, con un suspiro profundo y un peso repentino en el corazón. Quizás los rumores eran ciertos.
“Tengo que ser positivo”, se repetía una y otra vez.
Durante la tarde, lo vio frente a frente en las caballerizas, acompañado de la misma joven y del patrón. El capataz le hizo una seña para que ensillara tres caballos. Él obedeció en silencio. Hubiera querido decir algo, pero notó la mirada del patrón sobre él, y el miedo lo mantuvo callado. Esperaba, al menos, que el joven amo lo reconociera, aunque su primera impresión —vestido con harapos— no fuera la mejor.
Mientras iba a buscar un banco para que montaran, escuchó una conversación que lo dejó paralizado. La joven preguntó a Mingi qué pensaba de la apariencia de la gente que había visto hasta entonces. Mingi respondió: “Si me basara en los estándares de belleza que establece la sociedad, aquel chico sería el peor”, y señaló hacia él.
Hongjoong no dijo nada. Con el banco en mano, hizo una reverencia de noventa grados y se retiró rápidamente. Sabía cómo eran esos estándares, pero ser clasificado de ese modo reafirmaba sus temores: el señorito que tanto amaba iba a repudiarlo. El patrón tenía razón; debía irse de allí. El único ciego era él, por haberse ilusionado con un amor que jamás sería correspondido. Tenía que marcharse, tenía que pensar qué hacer.
Mingi, tras pronunciar aquellas palabras, guardó silencio al ver la expresión del muchacho. ¿Acaso había entendido? Según su padre, aquel joven era sordomudo de nacimiento, un empleado nuevo contratado durante su ausencia. El patrón sabía que Hongjoong no podría hablar ni defenderse. Con eso, y tras haber sugerido a la futura prometida de su hijo que hiciera esa pregunta en ese momento, estaba seguro de que el chico se iría.
Pero mientras cabalgaba por el campo, a Mingi le vino a la mente la voz de su pequeño: “Ojalá esté bien con Nana y regresen pronto”. Recordó también la mirada de aquel niño y se sintió mal por su respuesta. En el fondo, pensaba que cada persona era hermosa, y que definir y encasillar a la gente estaba mal. Siendo objetivo, aquel chico, a pesar de los harapos, tenía algo que llamaba la atención. Su cabello no era común entre los coreanos, pero en el hospital había visto a personas con rasgos similares, aunque más arregladas. ¿Por qué había respondido así? Tal vez porque, para él, no había nada más hermoso que su pequeño Hongjoong… aunque nunca lo había visto.
—Hijo, ¿qué te pasa? Estás ido —lo interrumpió su padre.
—Nada,papá. Solo pensaba en aquel chico de las caballerizas.
—Deberías tratar mejor a tus empleados.
—¿Por qué lo dices?—preguntó el señor Song.
—Ese chico luce muy descuidado.No está bien que lo discriminen por ser sordomudo.
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Lazarillo
FanfictionOtro fanfic minjoong, donde Mingi es un joven ciego él cual tiene a Hongjoong un chico del pueblo como su Lazarillo.
