Línea

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Hay días que tan solo hay que cortar por la línea


Decidí salir, no cogí nada, no mire al cerrar, ni si quiera me moleste en girar dos veces más la llave.

Mi cuerpo se trasladaba poco a poco por el suelo, no quise esquivar ninguna hoja, no piedra, ni palo del camino. La primera hoja se apartó cuando me estrecho cuerpo se acercaba a ella, la segunda fue levantada por el viento en el momento exacto en el que mi cabeza se acercaba a ella y la tercera fue aplastada por mi pequeño cuerpo.

Notaba que mi presencia no era la mejor y que mi compañía sin el no era la que cualquier signo quería tener a su lado. Mi rígida estructura impedía que todo estuviera en silencia y que pudiera pensar. Eso me abrumaba.

Yo tan solo quería irme lejos y olvidarme de ese pequeño cuerpo redondo que dejaba atrás en aquella casa del bosque. Siempre me dijeron que mi ser se había conformado por una secuencia infinita de signos como el y que la ausencia de uno por muy pequeño que fuera se notaba muy adentro de mi

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