DESEMBARCO DEL REY
La reina, la madre, y los dragones que regresan
El consejo no se había calmado desde la noticia de la rebelión.
Rhaenyra llevaba horas de pie frente al mapa circular del reino, los dedos sobre el Tridente, la mirada afilada, la espalda rígida.
Alicent estaba a su lado, pálida, con Alonde dormida en su regazo.
La niña respiraba suavemente contra su pecho, ajena al caos.
Criston Cole entró empapado de sudor.
—Su Majestad… las almenaras del sur se han encendido.
Dos dragones se acercan a gran velocidad.
Rhaenyra cerró los ojos un segundo.
Jace.
Baela.
Gracias al cielo.
Salió al balcón del Bastión junto a Alicent. El viento de la bahía les azotó el rostro.
Primero escucharon el rugido.
Luego la sombra inmensa cruzó sobre la muralla.
Vermax descendió como un relámpago, la tierra temblando bajo su fuerza.
Detrás, con movimientos más ágiles pero igual de intimidantes, bajó Moondancer, escupiendo humo.
Los guardias retrocedieron.
Muchos se arrodillaron.
Rhaenyra no.
Ella avanzó.
Jacaerys saltó de Vermax antes de que éste tocara completamente el piso.
Su capa voló hacia atrás; sus ojos estaban rojos por noches sin dormir.
—Madre —dijo, y la abrazó antes de que ella pudiera hablar.
Rhaenyra lo sostuvo con fuerza, una mano en la nuca, como cuando era pequeño.
Baela descendió detrás de él.
Alicent la vio acercarse y apretó a Alonde contra su pecho.
Baela hizo una reverencia breve—más por costumbre que por protocolo—y habló sin rodeos:
—Rhaenyra… traemos noticias graves desde Rocadragón. No sólo sobre Larys, sino… sobre Aelor.
Alicent tembló un poco.
—¿El hijo de Helaena? —preguntó, aunque ya lo sabía.
Baela logró asentir.
Su voz se quebró, pero no se detuvo:
—Lo que tiene en la piel… no son quemaduras. Nunca ha sido quemado.
Lo sé. Helaena lo sabe. Jace lo vio.
Y temo… temo que sea algo más antiguo. Algo que los Targaryen dejamos de nombrar hace generaciones.
Rhaenyra sintió que el aire se volvía más pesado.
—¿Una maldición? —susurró.
Los ojos de Baela se llenaron de lágrimas que no llegó a soltar.
—No una maldición cualquiera… Una que sólo se despierta en aquellos que nacen “marcados” por el fuego de sangre.
Aelor… nace con fuego bajo la piel, pero no el nuestro.
Uno que quema, pero no al mundo… sino **a él**.
Alicent llevó una mano a la boca.
Rhaenyra respiró hondo.
—Hablaremos de esto después.
Por ahora… debemos detener a Larys Strong antes de que llegue al Tridente.
El reino no puede permitirse otro niño Targaryen viviendo bajo una amenaza.
Y ninguno de los presentes supo si lo último lo dijo por política… o por el terror que le despertaba la idea de un fuego interno que destruye desde dentro.
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Amor En Valyrio
RomanceLa princesa Rhaenyra Targaryen da a luz a su tercer hijo con sir leanor velaryon, una noticia que llega hasta desembarco del rey, lo que lleva a el rey viserys, la reina alicent y sus hijos a emprender un viaje para conocer al nuevo miembro de la fa...
