La guerra

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DESEMBARCO DEL REY

La sala del consejo estaba en silencio absoluto cuando las puertas se abrieron de par en par.
No por guardias.
No por maestres.
Sino por Jacaerys Velaryon, con la capa aún impregnada del viento de Rocadragón, y Baela Targaryen, mirando a todos como si ya midiera quién traicionaría primero.

Rhaenyra se enderezó en su asiento al verlos entrar.

Daemon apoyó una mano en la empuñadura de Hermana Oscura, no en señal de amenaza… sino de expectativa.

Los lores se levantaron al instante.

Jacaerys dio un paso al centro de la mesa, sin esperar invitación.

—Larys Strong está cerca de su primera rebelión abierta madre —dijo con voz firme—. Y obtendrá más aliados si no actuamos ahora.

El señor Celtigar carraspeó.

—El tridente está ardiendo…

—No —interrumpió Baela con frialdad helada—. Arderá cuando nosotros lo digamos. No antes.

El consejo se quedó en shock.

Alicent, que había sido llamada a la reunión de emergencia, observaba todo en silencio, con los dedos tensos sobre las rodillas.
Llevaba días sin dormir.
La desaparición de Daemon, la tensión, la guerra con Larys… y ahora, la sensación creciente de que algo más grave venía desde Rocadragón.

Rhaenyra hizo un gesto a todos para que se sentaran.

—Hablen —ordenó ella—. Y no omitan nada.

Jacaerys y Baela intercambiaron una mirada.
Una que decía: lo que vamos a revelar puede cambiarlo todo.

Pero antes de que pudieran hablar, uno de los mensajeros entró, jadeante.

—Su Gracia, llegaron informes de las Tierras de los Ríos… Larys tomó el torreón oriental de Harrenhal.
Los Frey le han jurado paso libre por todos sus puentes.
Y Bracken ya movilizó sus caballerías.

Daemon sonrió apenas.

—Sabía que ese bastardo no se quedaría quieto.

Rhaenyra levantó la mano para exigir silencio.

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HARRENHAL

La torre este de Harrenhal siempre había estado cerrada.
Abandonada.
Derrumbada en partes.
Una ruina más entre ruinas.

Pero ahora…
había respiración dentro.
Un murmullo débil.
Un sollozo.

Myrcella.

La mujer que había criado a Aemond y a Lucerys como si fueran sus propios hijos.
La mujer que los había protegido de su padre, de su madre, de los maestros y de los propios guardias.
La que había enseñado a Aemond a leer antes que a montar.
La que había enseñado a Lucerys a defenderse sin usar un arma.

El soldado la arrastró suavemente hasta el salón principal.

Su piel estaba pálida.
Sus labios agrietados.
Cabello castaño cayendo en mechones enmarañados sobre la frente.
Los ojos…
verdes, pero hundidos, como alguien que había visto demasiado.

Larys Strong la observó con calma.
Como si evaluara un objeto inesperado.

—No deberías estar viva —murmuró—.
Pero Harrenhal tiene sus propias reglas.

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⏰ Última actualización: Nov 18, 2025 ⏰

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