Marta Oliver
El coche avanza solo mientras mi cabeza sigue atrapada en la entrevista.
Cada pregunta.
Cada respuesta.
Cada "estoy feliz" que dije mirando a la reportera sin pestañear.
Y lo estoy.
O al menos... estoy intentando estarlo.
Debería sentirme tranquila. Orgullosa incluso.
He llevado la situación como una profesional.
No he dejado que nada se descontrole.
Ni mi voz.
Ni mis gestos.
Ni mi pasado.
Pero ahora, conduciendo hacia el estudio, siento como si las palabras me siguieran como humo.
"Muchos dicen que no pegáis."
"Estás enamorada."
"Hay canciones sobre Jude Bellingham."
Respiro hondo.
No quiero dejar que nada de eso me afecte.
Hoy no.
Cuando llego al edificio del estudio y dejo el coche en el parking subterráneo, veo el mensaje de Pedro:
pedrín
ya estoy aquí arriba
he pedido macas
Sonrío.
Qué fácil me lo pone siempre.
Subo por el ascensor y cuando se abren las puertas huelo el estudio antes incluso de entrar:
cables calientes, café y aire acondicionado demasiado fuerte.
Me quito la chaqueta, abro la puerta y ahí está él.
En el sofá, con una gorra al revés, los cascos colgando y su macbook apoyado en las piernas.
Se gira en cuanto me oye.
- Ey - dice con esa voz suave que siempre me calma -. Le queda poco a las hamburguesas.
Cierro la puerta detrás de mí y dejo las llaves en la mesa.
- Genial - respondo y me siento a su lado, cruzo las piernas y me dejo caer un poco sobre él.
Pedro sonríe, ese tipo de sonrisa sincera.
La que más me gusta.
- ¿Sabes? - murmuro -. Me he quedado pensando en todo lo que he contestado.
- ¿Y qué ha pensado esa cabecita tuya?
- Que no te he dejado nada mal. - Me río.
- A ver si ahora voy a necesitar campaña de imagen contigo - dice él riéndose también.
Nos quedamos así unos segundos, muy cerca, muy cómodos.
Y entonces Pedro dice:
- ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? Que encima me dijiste que tenías dieciocho...
- Lo he dicho en la entrevista - respondo. - Ya verás que cuando lo saquen será el titular de la entrevista.
———
27 Junio 2021
La discoteca en la que acabo de entrar huele a perfume barato, sudor y a verano pegado a la piel.
Las luces de colores me marean un poco, pero no me importa. Es la primera fiesta a la que voy desde que me mudé a Gran Canaria hace una semana, y todavía no conozco a nadie.
