Extra 8

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Años después, el mar volvió a empezar.

No hubo guerra.
No hubo disparos.
No hubo sangre manchando el agua.

Solo el arrecife.

Mi’te nació Metkayina esta vez.
Piel azul clara, marcas suaves, risa fácil.

Nunca conoció el miedo a huir.
Nunca aprendió a despedirse de nadie demasiado pronto.

Ao’nung también nació allí.
No como guerrero cansado.
No como alguien que debía pagar culpas que no eran suyas.
Solo como un niño.

Se conocieron pequeños.

Demasiado pequeños para saber qué era el amor.
Pero no para reconocerse.
Fue en el agua poco profunda, cuando ambos apenas aprendían a nadar bien.

Ao’nung la vio reír mientras fallaba al atrapar un pez y pensó, sin saber por qué, que esa risa era importante.

Mi’te lo vio caer torpemente y, en lugar de burlarse, le tendió la mano.

—No pasa nada —le dijo—. Inténtalo otra vez.

Él la miró, confundido.

— ¿Cómo te llamas? — preguntó mientras sujetaba su mano.

— Mi'te y tú? —

Aquel nombre lo hacía sentir triste pero a la vez feliz.

— Ao'nung. —

Ambos sonrieron.

— Mi'te es hora de la reunión familiar!!! Vamos cariño. — la llamaron.

— voy abuela Tuk!! — respondió — Nos vemos Ao'nung.

Ao'nung se despidió. Sin saber que ese era el inicio de su historia.

Aprendieron a nadar más profundo, a respetar al mar, a escuchar a Eywa sin miedo.
A veces, Ao’nung soñaba con tristeza sin rostro.
Con una sensación de pérdida que no entendía.

A veces, Mi’te despertaba con lágrimas sin causa.
Con el corazón apretado por algo que no había pasado.
Pero cuando se miraban…
todo estaba bien.

No había recuerdos de balas.
No había reproches.
No había culpas.

Solo dos almas que, esta vez, no llegaron rotas.

Cuando crecieron, el amor llegó despacio.
Sin urgencia.
Sin miedo a perder el mañana.
Un amor tranquilo.
Puro.

Y bajo el mismo mar que antes los separó,
Ao’nung y Mi’te se amaron sin guerra.

Al final pudieron experimentar un Love of the sea.

𝑳𝒐𝒗𝒆 𝑶𝒇 𝑻𝒉𝒆 𝑺𝒆𝒂 / 𝑨𝒐'𝒏𝒖𝒏𝒈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora