Extra 5

998 118 2
                                        

Hare que valga la pena

Ao’nung pensó que ya había pagado.

No porque alguien se lo hubiera dicho,
sino porque el cansancio se le había metido en los huesos.

Habían pasado lunas desde que volvió.
Había trabajado.
Había callado.
Había cuidado.

Y aun así, esa tarde lo llamaron.

No fue Mi’te.
Fueron los Sully.

Todos…
menos ella.

Lo’ak fue el primero en hablar.

—No te confundas —dijo, sin rodeos—.No hemos cambiado de opinión.

Ao’nung no respondió.
Solo asintió.

—Mi’te puede perdonar —continuó—.
Pero eso no significa que nosotros lo hagamos.

Neteyam cruzó los brazos.

—Sigues aquí porque ella te quiere —dijo—.No porque confíemos en ti.

Kiri habló después, con la voz suave pero firme.

—No te odiamos —dijo—.Pero tampoco te debemos nada.

Ao’nung tragó saliva.

—Lo sé.

Neytiri no dijo nada.
Eso fue lo que más dolió.
Su mirada era dura, fija, como una flecha que no se había soltado…
pero seguía apuntando.

Tuk le gruñó. Eso significaba una cosa, ni la más pequeña lo quería.

Entonces Jake Sully dio un paso al frente.

Y el aire cambió.

—Escúchame bien, muchacho —dijo, sin levantar la voz—.Mi hija no es un juego.

Ao’nung levantó la mirada.

Jake no apartó la suya.

—Eywa me la regresó —continuó—.
No por suerte.
No por error.

Apretó la mandíbula.

—Y no voy a permitir que vuelva a sufrir.

El silencio se volvió pesado.

—No me importa lo que sientas —dijo Jake—.No me importa lo mucho que trabajes. No me importa lo que prometas.

Ao’nung sintió el pecho apretarse.

—Si un día ella vuelve a sangrar…
si vuelve a llorar por tu causa…
no habrá perdón que te salve de mí.

Ao’nung inclinó la cabeza.

—Lo entiendo —dijo—.Y lo acepto.

Jake lo observó un segundo más.

—Más te vale.

Cuando terminó, Ao’nung se quedó solo.

Las palabras no le ardían.
Lo que dolía era que…
tenían razón.

Mi’te no sabía de esa conversación.
No debía saberlo.

Esa noche, ella se recargó en su pecho, cansada, tranquila.

—¿Todo bien? —preguntó.

Ao’nung pasó los dedos por su cabello con cuidado.

—Sí —mintió—. Todo bien.

Ella sonrió, confiando.

Y ahí lo entendió.

No se trataba de que lo perdonaran.
Ni de que lo aceptaran.

Se trataba de merecer cada día que ella respirara a su lado.

Aunque nadie más lo hiciera.
Aunque nunca lo hicieran.

Y Ao’nung decidió algo en silencio:
Si Eywa se la había regresado…
él iba a pasar el resto de su vida
demostrando que no fue un error.

𝑳𝒐𝒗𝒆 𝑶𝒇 𝑻𝒉𝒆 𝑺𝒆𝒂 / 𝑨𝒐'𝒏𝒖𝒏𝒈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora