Extra 7

926 103 6
                                        

Un futuro juntos


Ao'nung quería morir porque el mundo había perdido sentido para su mismo.

El mar estaba quieto esa noche. Demasiado.

Se adentró solo, sin armas, sin despedidas.

Pensó que el agua sabría qué hacer con él.
Cuando el frío empezó a cerrar sus pulmones, dejó de luchar.

Y entonces…
la vio.

Mi’te estaba ahí.

No como un recuerdo borroso.

No como un sueño amable.

Estaba enojada.

—¿Qué crees que estás haciendo? —le dijo, cruzada de brazos, con esa mirada que siempre lo desarmaba.

Ao’nung soltó una risa rota.

—Vine contigo.

Ella negó con fuerza.

—No. Si crees que voy a felicitarte, estás mal.

—Sin ti no tiene sentido nada —respondió él—. Todo se rompió cuando te fuiste.

Mi’te se acercó y le dio un golpe en el pecho. No fuerte. Doloroso de otra forma.

—¿Sabes lo que más me enoja? —dijo—.Que creas que yo querría esto. Que pienses que voy a estar feliz por ver cómo acabas con tu vida.

Ao’nung bajó la mirada.

—Estoy cansado —susurró—. No pude salvarte.

—Ao’nung —dijo ella, tomándole el rostro—. Escúchame.

El mundo alrededor parecía detenerse.

—Tengo que contarte algo que no recuerdas.

El agua se volvió luz.

—No es la primera vez que nos encontramos así —continuó—.Ya vivimos otras vidas.

Ao’nung frunció el ceño.

—En una vida pasada… —Mi’te tragó saliva—fuiste tú el que murió.

Él abrió los ojos.

—Moriste joven —dijo—. En una guerra Na'vi. Y yo… yo quedé viva. En esa vida, te sacrificaste por mi.

Las lágrimas comenzaron a caerle.

—Y yo hice lo mismo que tú estás intentando ahora. Quise seguirte.Quise rendirme.

Ella negó.

—Pero no lo hice. Porque alguien me salvó.Y porque entendí algo.

—¿Qué?

Mi’te sonrió, triste y firme a la vez.

—Que el amor no termina cuando alguien muere.Termina cuando el que se queda se rinde.

Ao’nung empezó a temblar.

—En esta vida —continuó—, mi futuro no era quedarme. Era enseñarte a quedarte tú.

Ella lo abrazó con fuerza.

—Tu vida no me pertenece.
No es mía para que la entregues por mí.

—Pero duele —sollozó él.

—Lo sé —susurró—.Y aun así… vale la pena.

Mi'te sonrió. Se acercó a él y lo besó.

— ya es hora de irte. Te amo con el alma, Ao'nung.

— ¿Cuando podré verte? —

— siempre que me recuerdes y me mantengas en tu corazón, ahí estaré.

De pronto, el agua ardió en sus pulmones.

Voces.
Manos.

Lo’ak fue el primero en sujetarlo.
Neteyam ayudó a sacarlo.
Kiri lloraba pidiendo a Eywa que no se lo llevara.
Tsireya no soltaba su mano.

Ao’nung tosió.

Respiró.
Vivió.

Cuando abrió los ojos, el cielo estaba ahí.

Y Mi’te… ya no.

Pero su voz seguía en su pecho.

Quédate.
Vive.
Ese es el amor que me debes.

Ao’nung lloró como nunca.
No porque quisiera morir.

Sino porque, por primera vez desde que la perdió,
eligió vivir sin ella.

Y eso…
eso también era amor.

𝑳𝒐𝒗𝒆 𝑶𝒇 𝑻𝒉𝒆 𝑺𝒆𝒂 / 𝑨𝒐'𝒏𝒖𝒏𝒈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora