No te merezco
Mi’te volvió al arrecife unos días después.
No caminando.
No nadando.
Volvió volando.
Iba recargada contra el pecho de Neteyam, montando su ikran, el mismo que él nunca dejaba que nadie más tocara. Sus brazos la sostenían con un cuidado casi doloroso, como si el aire mismo pudiera volver a herirla.
A los lados volaban Jake y Neytiri, en perfecta formación, sin despegar los ojos de ella.
Tuk iba en el ikran de su madre, abrazada a Neytiri, riendo y llorando al mismo tiempo, como si el cielo no le alcanzara para todo lo que sentía.
Cuando tocaron tierra, el arrecife se llenó de voces.
El clan entero salió a recibirlos.
Sonrisas.
Llantos.
Manos al pecho agradeciendo a Eywa.
Mi’te seguía viva.
Pero entre todos esos rostros…
faltaba uno.
Lo’ak fue el primero en llegar a ella.
La abrazó con fuerza, temblando, enterrando la cara en su hombro mientras repetía una y otra vez:
—Perdón… perdón… perdón…
Mi’te sonrió, cansada, y le dio un golpecito torpe con la mano sana.
—Ey… —murmuró—. Vas a hacer que me arrepienta de volver.
Lo’ak rió entre sollozos.
Era un llorón.
Siempre lo había sido.
Neteyam la bajó con extremo cuidado.
—No la abracen fuerte —advirtió—. Si sangra otra vez…
Ronal se acercó de inmediato, revisó la herida, frunció el ceño.
—Está viva por poco —dijo—.
Cada atardecer vendrá conmigo.
No faltes ni uno.
Mi’te asintió.
Entonces miró alrededor.
—¿Y Ao’nung?
El silencio cayó como una ola fría.
Nadie respondió.
—¿Ao’nung? —repitió.
Jake evitó su mirada.
Tsireya bajó la cabeza.
Lo’ak apretó los labios.
—Nadie sabe —dijo alguien al final—. No se le ha visto.
Mi’te sintió el pinchazo en el pecho.
No de la herida.
No esperó permiso.
Con el cuerpo aún débil, caminó lejos del arrecife, siguiendo una corazonada que dolía más que cualquier bala.
Lo encontró.
De espaldas.
—¿Por qué te escondes? —preguntó.
Ao’nung no respondió.
—Ao’nung.
Se acercó un poco más.
Entonces lo vio.
Sus hombros temblaban.
Las manos enterradas en la arena.
El rostro empapado.
Estaba llorando.
—No me mires —dijo él—.
No deberías estar aquí.
—¿Por qué? —preguntó ella, suave.
Ao’nung tragó saliva.
—Porque tú deberías volver… —susurró—.
Yo no te merezco.
Mi’te frunció el ceño.
—¿Por qué dices eso?
Entonces él se rompió.
—Porque no hice nada —dijo, con la voz quebrada—.
Nada por ti.
Levantó la cabeza, los ojos rojos.
—Mientras yo me comprometía con otra… no hice nada.
Nunca te defendí bien.
Nunca te cuidé como debía.
Y cuando te dispararon… ¿sabes dónde estaba?
Mi’te no dijo nada.
—Volviendo al clan —escupió—.
Como un cobarde.
El silencio pesó.
Mi’te dio un paso más y, con cuidado, se arrodilló frente a él.
—Solo tenemos 15 años, es normal huir cuando tenemos miedo, no te culpes—dijo.
Ao’nung negó con la cabeza, desesperado.
—Tu fuiste más valiente que yo, siempre lo has sido.
No entiendes.
Tú vas a vivir mejor sin mí.
Mi’te lo miró como si hubiera dicho la cosa más absurda del mundo.
—No.
—Sí —insistió—. Estuviste a punto de morir. Y yo no estuve ahí.
Ella respiró hondo, ignorando el dolor que le atravesaba el pecho.
—Pero sigo aquí.
Ao’nung la miró.
—Mi’te…
—Mírame —le dijo—. Estoy viva.
No porque nadie fuera perfecto.
Sino porque Eywa quiso que volviera.
Tomó su mano.
—Y yo no quiero una vida donde tú no estés.
Ao’nung cerró los ojos, las lágrimas cayendo sin control.
—Yo sí te merezco —susurró ella—.
Porque sigo eligiéndote.
El mar los rodeó en silencio.
Y por primera vez desde la bala…
Ao’nung la abrazó.
Con miedo.
Con cuidado.
— No quiero perderte, nunca más. Te cuidare bien por el resto de mis días, mi amada Mi'te — juró frente al mar.
— eso espero. O juro que yo misma te voy a atravesar con una flecha si no cumples.
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𝑳𝒐𝒗𝒆 𝑶𝒇 𝑻𝒉𝒆 𝑺𝒆𝒂 / 𝑨𝒐'𝒏𝒖𝒏𝒈
FanfictionLa familia Sully llegó a las tribus del mar, un mundo aparte a la del bosque, llegó pidiendo uturu para su familia, Jake Sully ya no quería guerra, solo buscaba proteger a su familia y no causar más muertes. Pero nada iba a salir como lo planeaba ya...
