No dormí esa noche.
Me quedé acostada mirando el techo, contando grietas que no estaban ahí, escuchando el ruido de mi propia respiración como si fuera demasiado fuerte para una casa vacía. El abrazo de Scott había desaparecido, pero el peso seguía en mi pecho, intacto.
Prométemelo.
La voz de Justin regresó como un eco. No suplicante. Cansada. Como si él también supiera que me estaba pidiendo algo imposible.
¿A quién le hice esa promesa realmente?
¿A él... o a mi miedo?
Me giré de lado y cerré los ojos con fuerza. La imagen de Bryce apareció de inmediato. No el Bryce que todos odiaban. Mi Bryce. El que me enseñó a andar en bicicleta. El que me mandaba mensajes ridículos solo para hacerme reír cuando estaba lejos. El que murió solo, creyendo que nadie iba a pelear por él de verdad.
—Lo siento —susurré en la oscuridad—. Lo intenté.
Pero no era verdad.
No del todo.
Porque ahora sabía lo que había pasado. Sabía quién empujó. Sabía quién dejó que el agua se lo llevara. Y aun así, estaba eligiendo el silencio.
Luego Monty se coló en mis pensamientos, como siempre lo hacía cuando menos lo quería. Monty encerrado en una celda que no merecía. Monty muerto antes de poder defenderse. Convertido en el villano perfecto para cerrar una historia que nadie quería seguir contando.
El culpable ya está muerto, decían.
Caso cerrado.
Sentí algo distinto al dolor abrirse paso en mí. Algo incómodo. Algo caliente.
Rabia.
¿Justin realmente quería justicia... o solo quería que todo terminara?
¿Me pidió que protegiera a los demás... o que cargara con su culpa?
Me senté en la cama, con el corazón golpeándome las costillas.
Tal vez las promesas no deberían sobrevivir a quienes las piden.
Tal vez el silencio no era lealtad, sino cobardía.
Pensé en Jessica. En Alex. En cómo el mundo siguió girando para ellos mientras otros quedaron enterrados bajo mentiras. Pensé en mí, convertida en la guardiana de una verdad que nadie me había dado derecho a ocultar.
—No sé si puedo hacer esto —dije en voz alta—. No sé si quiero.
La promesa empezó a sentirse diferente. Ya no como una orden sagrada, sino como una carga injusta, dejada en mis manos porque yo era la única que todavía podía romperse sin que a nadie le importara demasiado.
Me levanté y caminé hasta la ventana. Afuera, el mundo seguía igual. Las luces encendidas en casas ajenas. Personas durmiendo tranquilas, convencidas de que la historia ya estaba resuelta.
Yo no podía.
Por primera vez desde que Justin murió, pensé algo que me asustó más que la culpa:
¿Y si decir la verdad no es traicionar... sino dejar de traicionarme a mí?
No hice nada esa noche.
Pero la promesa, por primera vez, dejó de ser irrompible.
Y supe que era solo cuestión de tiempo.
Jace llegó sin avisar.
Lo supe incluso antes de abrir la puerta. Hay personas cuya presencia se siente en el pecho antes de verla, y Jace siempre había sido así para mí. Familia de la que no se elige, pero que se queda.
Tenía los ojos rojos. No de llorar, sino de no haber dormido. Scott estaba detrás de él, tenso, como si hubiera cometido una traición necesaria.
—Me dijo que viniera —dijo Jace en cuanto me vio—. No iba a quedarme quieto.
No tuve fuerzas para discutir. Me hice a un lado y lo dejé pasar.
Se quedó de pie en medio de la sala, mirando todo como si buscara señales de una vida normal que ya no existía. Yo me apoyé en la pared, con los brazos cruzados, como si así pudiera mantenerme entera.
—Sigues buscando la verdad —dije antes de que él hablara—. Lo sé.
Jace levantó la mirada. Eso fue lo que más dolió. No sorpresa. Confirmación.
—Y tú ya la encontraste.
El silencio cayó entre nosotros, pesado, definitivo. Negar habría sido inútil. Con Jace nunca supe mentir.
—Justin me lo dijo —susurré—. Antes de morir.
Jace cerró los ojos un segundo, como si esa frase pesara toneladas.
—¿Y no has hecho nada?
Negué con la cabeza.
—Le prometí que no lo haría.
Jace respiró hondo, caminó hasta el sofá y se dejó caer en él. Se pasó las manos por el rostro, despacio, como alguien que intenta no romperse frente a mí.
—Becca... —dijo, y esa sola palabra sonó como una súplica—. Esto no es algo que puedas cargar sola.
—No tengo opción.
—Siempre hay opción —respondió, mirándome de frente—. Y por eso estoy aquí.
Se levantó de golpe. Empezó a caminar de un lado a otro, inquieto.
—Si esto sale a la luz, no va a ser justicia. Va a ser una guerra. Van a destrozarte. A ti primero.
—Ya lo estoy —dije.
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Aeternum.#OTL3
FanfictionMeses después de que Tyler cometiera un acto impensable en Spring Fling. Después del regreso de Becca a Liberty. Después de un gran verano. Mientras Becca cada día recuerda un poco más acerca del día que perdió gran parte de su vida. Clay, Tony, Je...
