Es una noche esperada durante años. Las luces del salón brillan como estrellas, reflejadas en los vestidos elegantes y los trajes bien planchados.
Después de haber elegido a Charlie y Alex como reyes del baile me mantengo observando el lugar, había entrado tan rápido que había olvidado los detalles.
El gimnasio está decorado como un sueño suspendido en el tiempo: guirnaldas plateadas, luces cálidas colgando del techo como estrellas caídas, y una bola de espejos girando lentamente, reflejando pequeños destellos de luz en los rostros de quienes, por fin, han llegado al final de una historia demasiado intensa.
Entro de nuevo con los pasos pesados de alguien que ha vivido demasiado para su edad. Mis ojos recorren el lugar, buscando rostros familiares, sonrisas sinceras, pedazos del pasado que aún lo habitan. El gimnasio ya no es solo un lugar de encuentros, sino un santuario para despedirse. Las risas que se escuchan no ocultan las cicatrices, pero tampoco las niegan. Están ahí, brillando con dignidad.
La música comienza: suave, lenta, como si supiera que tiene que sostener cada corazón con delicadeza. Como si fuera un susurro del pasado. La voz de la canción parece hablar directamente a cada uno: "Estamos aquí. Aún estamos de pie."
Las parejas se forman con timidez o entusiasmo, y los primeros pasos son inseguros, torpes, pero llenos de intención. Ríen, tropiezan, se abrazan. Es una danza de recuerdos: de clases compartidas, de exámenes, de secretos en los pasillos y miradas cómplices.
A medida que avanza la noche, las luces bajan un poco y el DJ sube el ritmo. El salón vibra con canciones que todos conocen, himnos no oficiales de su generación. Ya nadie se preocupa por lucir perfecto. Saltan, giran, gritan las letras al unísono. Nos sentimos invencibles como si el mundo no se pudiera acabar jamás.
Scott y yo saltábamos al ritmo de la canción, podía ver frente a mí varias parejas, Jace con Kate, Justin y Jessica, Alex y Charlie, Clay junto a Annie y por un segundo, solo uno, olvidé todo lo que había entre nosotros. Todos los secretos que nos ocultábamos, ahora solo éramos estudiantes en su noche de graduación.
En el aire, una mezcla de risas y música flotaba como una burbuja de felicidad, ajena al caos que estaba a punto de desatarse.
Mi mirada se vaciló en cada uno de ellos quedándose atrapada en Justin Foley, el chico que siempre parecía estar al borde de la oscuridad, había llegado tan lejos.
Había algo diferente en él esta noche, una paz que nunca había experimentado. Su rostro, antes siempre marcado por la tristeza y la rabia, ahora reflejaba algo que por un momento pareció casi... esperanza.
Nos sonreímos a lo lejos apenas noto mi mirada, un gesto tímido, pero genuino. Como si por fin, por primera vez, pudiéramos respirar.
Pero el aire que lo rodeaba cambió en un segundo.
Un ligero tambaleo, casi imperceptible.
Un paso que no se dio con la misma firmeza.
En un segundo, perdió el equilibrio. No fue un tropiezo común. Fue como si el peso de todo lo que había arrastrado, todos esos años de abandono, de abuso, de lucha, finalmente lo hubieran alcanzado. Su cuerpo se desplomó al suelo sin aviso, como si la gravedad decidiera apoderarse de él, como si ya no pudiera más.
El mundo entero se detuvo, todo era en cámara lenta.
El eco del golpe resonó en el gimnasio, un sonido que atravesó la mente de todos como un grito mudo, un presagio de lo que estaba por venir. La música se apagó en sus oídos, las voces se desvanecieron, y el tiempo se estiró en una fracción de segundo que pareció durar una eternidad.
Solté las manos de Scott y corrí hacia el, Jessica ya estaba ahí pero no me importó, un dolor invadió todo mi ser apenas mis rodillas tocaron el suelo.
No, esto no puede estar pasando, no de nuevo....
Mis ojos se llenaron de pánico mientras que mi mente no procesaba lo que ocurría, todos comenzaron a llegar, llamaron una ambulancia y sentí los brazos de Scott alzarme para abrirle paso a los paramédicos.
No podía articular ni una sola palabra pero mi cuerpo expresaba mi angustia y miedo a través del incontrolable llanto en el que estaba.
Jace corrió hacia mi, podía ver su rostro notablemente preocupado, no era un secreto para mí el acercamiento que habían tenido ellos dos estas últimas semanas.
El baile se dio por terminado y a este punto a nosotros solo nos importaba ver como estaba Justin.
Scott me llevó al hospital junto a Jace, no habíamos dicho ni una sola palabra y al llegar nos quedamos en el pasillo junto a varios chicos del equipo y porristas, al final de todo éramos hermanos todos, había crecido junto a él y mi hermano, Justin era importante para mí, era uno de los sustentos más grandes que algún momento tuve, cuando solo éramos Bryce, Monty, Zach, él y yo.
Recuerdos a mí en la casa club llegaban a mi, esas noches interminables de risa y diversión, incluso cuando se volvieron más sombrías.
Scott: Cariño te traje un café — sonreí débilmente al ver el café que Scott me extendía y lo tomé -¿No quieres ir a descansar un rato?
Becca; Estoy bien Scott, no quiero irme, no hasta que esté estable — él asintió sin decir nada y se sentó a mi lado — puedes irte si quieres, estaré bien
Scott: No me iré de tu lado cariño - susurra y le doy un pequeño apretón de mano
Pasan un par de horas, ya casi todos se han ido a excepción de Charlie, Scott y yo. Clay sale y cuenta un poco del terrible diagnóstico.
Justin había salido positivo a VIH y se encontraba en una etapa terminal, su sistema inmunológico estaba bastante debilitado y pierde la batalla contra una bacteria y una neumonía grave. Su cuerpo ya no era capaz de combatir estos problemas, indicando que llevaba años con el virus sin diagnóstico ni tratamiento.
Scott me sostenía fuertemente mientras escuchábamos a Clay. Se veía cansado y notoriamente triste, ¿Quién no lo estaría?
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Aeternum.#OTL3
FanfictionMeses después de que Tyler cometiera un acto impensable en Spring Fling. Después del regreso de Becca a Liberty. Después de un gran verano. Mientras Becca cada día recuerda un poco más acerca del día que perdió gran parte de su vida. Clay, Tony, Je...
