137. Hide and run

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Fui a la cafetería porque necesitaba un lugar público para no derrumbarme.

Eso me dije.

El ruido de las tazas, las conversaciones superpuestas, la normalidad forzada... todo eso debía servirme de ancla. Un sitio donde nadie gritara la verdad en voz alta.

Entonces la vi.

Jessica estaba sentada cerca de la ventana, con un café que ya debía estar frío entre las manos. Miraba su teléfono sin verlo realmente. Había algo rígido en su postura, como si nunca hubiera vuelto a relajarse del todo desde aquella noche.

Estuve a punto de irme.

Pero mis pies se movieron antes de que pudiera detenerlos.

—Jessica.

Levantó la vista. Por una fracción de segundo sonrió, por costumbre. Después vio mi cara... y la sonrisa murió.

—Becca —dijo, tensa—. Hola.

—¿Puedo sentarme?

Dudó. Asintió.

El silencio entre nosotras no era incómodo. Era peligroso.

—¿Cómo estás? —preguntó, demasiado rápido.

—Lo sé —dije.

No levanté la voz. No hice una escena. Solo dejé caer la frase entre nosotras, como una bomba sin sonido.

Jessica se quedó inmóvil.

—¿Qué... qué dices?

La miré a los ojos. No con rabia. Con agotamiento.

—Lo sé todo —continué—. Justin me lo contó. Antes de morir.

Su respiración se cortó. Literalmente. Vi cómo su pecho se detenía, cómo sus dedos se aferraban al vaso.

—No sabes de lo que hablas —susurró.

—Lo sé —repetí—. Sé que fuiste tú. Sé que fue Alex. Sé que Bryce no murió solo. Sé que Monty cargó con algo que no hizo.

Los ojos de Jessica se llenaron de lágrimas, pero no cayeron. Nunca lo hacían cuando alguien podía verla.

—No fue así —dijo, negando con la cabeza—. No fue tan simple.

—Nunca lo es —respondí—. Pero sigue siendo la verdad.

Se inclinó hacia adelante, bajando la voz hasta convertirla en un hilo desesperado.

—Justin no tenía derecho —dijo—. No tenía derecho a decírtelo.

—Justin estaba muriendo —contesté—. Y aun así pensó más en protegerlos a ustedes que en aliviar su propia culpa.

Eso la quebró.

—No teníamos opción —susurró—. Bryce iba a arruinarlo todo. A todos. Tú no sabes lo que nos hizo.

—Lo sé —dije, y fue lo más honesto que pude ser—. Y aun así, no les pertenecía decidir quién vivía y quién moría.

Jessica apretó los labios, temblando.

—¿Qué vas a hacer?

La pregunta flotó entre nosotras, afilada.

Pensé en Justin.
En Bryce.
En Monty.
En la promesa.

—Nada —dije finalmente.

Eso la hizo llorar.

—Le prometí a Justin que no haría nada —continué—. No voy a ir a la policía. No voy a decirlo públicamente.

Aeternum.#OTL3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora