135. My tears ricochet

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El sol golpeó mi cara y me restregué la cara intentando recomponerme, seguía en la sala del hospital y tenía un dolor de garganta terrible.

Apenas me levanté del asiento vi a Jace entrar junto a Scott que apenas vio completamente destruida no dudo en acelerar el paso hasta donde estaba y me envolvió en sus brazos.

Sentí ese calor y esa paz que solo él podía brindarme y me aferré a él por unos minutos mientras él acariciaba mi cabeza suavemente.

Scott: Lo siento por no venir antes
Becca: Estas aquí, es lo que importa — susurró y vuelvo a esconderme en sus brazos. Sé que él siente y percibe lo destruida que estoy pero me conoce tan bien que sabe que no necesito preguntas, ni palabras de aliento, solo necesito ese amor que sólo él me da.

Jace: B, te traje ropa para que te cambies - lo escuché y me separé de Scott para tomar la ropa e irme hacia el baño y cambiarme.

Jace se quedó mirando hacia la habitación y entró unos minutos, supongo que para despedirse de él.

Las horas pasaban y con ambos chicos a mi lado lograba sentirme un poco mejor.

Vi a Clay y a su familia salir llorando y todos se abrazaban mientras algunas enfermeras entraban a la habitación y supe en ese instante que él ya se había ido.

Sentí el corazón apretado y Jace me abrazó, sentía su cuerpo temblar junto al mío.

Daría todo por regresar el tiempo, cuando todos éramos felices, cuando todo era luz.

Toda la sala se llenó de suspiros y llantos, todos estábamos ahí, a todos nos dolía el alma.

Su familia estaba ahí, los chicos del equipo, Jessica, Tony, todos estábamos ahí, todos los que alguna vez amamos a Justin.

Ni siquiera podía mirar a Jessica, el peso de saber la verdad me consumía por completo. ¿Cómo podría continuar sabiendo la verdad y no hacer nada al respecto?
Pero se lo había prometido.
Justin siempre había sido muy inteligente, siempre protegía a los suyos, debí haberlo visto venir, él sabía lo mucho que me importaba, sabía que yo nunca rompo una promesa por muy difícil que fuera  y me hizo prometer que no haría nada.

Scott me llevó a casa, el camino era silencioso hasta que llegamos a mi casa.

No grité cuando Scott cerró la puerta de mi casa.
No tiré nada. No dije nada.

Me quedé ahí, de pie, mirando la madera como si todavía pudiera atravesarla, como si aún pudiera salir corriendo y deshacer todo lo que ya era irreversible.

Cuando mis piernas dejaron de sostenerme, me deslicé hasta el suelo.

No lloré de inmediato. Primero fue el pecho, apretado, como si alguien hubiera puesto una mano invisible sobre mi corazón. Después, el temblor en las manos. El aire entrando mal, saliendo peor. Y entonces me rompí.

No puedo hacer nada.

La frase me atravesaba la cabeza una y otra vez, como un castigo.

Justin volvió a mí sin permiso. Su voz baja, cansada. Sus ojos pidiéndome algo que jamás debí aceptar. Me apretó la mano como si aún tuviera tiempo, como si su muerte no estuviera escrita ya en cada monitor.

Prométemelo.

No hagas nada.
No digas nada.
No destruyas a Jessica.
No hundas a Alex.

Yo asentí.

Porque ¿qué clase de persona le dice que no a alguien que está muriendo?

Ahora Justin está muerto.
Bryce está muerto.
Monty está muerto.

Y yo sigo aquí.

Ese es el verdadero castigo.

Le fallé a Bryce. Era mi hermano. No importaba lo que hubiera hecho, no importaba lo que el mundo pensara de él. Yo debía encontrar la verdad. Yo debía ser la que no se rindiera. Y cuando finalmente la tuve en mis manos... la solté.

También le fallé a Monty.

Lo odié. Lo juzgué. Lo culpé en silencio incluso antes de que lo hicieran oficialmente. Y aun así, no merecía morir cargando con un crimen que no cometió. No merecía ser recordado solo como el monstruo conveniente de una historia mal contada.

Prometí algo que no sé cómo cumplir.

Si hablo, traiciono a Justin.
Si callo, traiciono a Bryce.
Si sigo adelante, dejo que Monty permanezca condenado para siempre.

No existe un camino limpio. No existe una salida.

Scott se arrodilló frente a mí y me abrazó. No dijo que todo estaría bien. No intentó salvarme. Solo sostuvo lo que quedaba de mí mientras lloraba contra su pecho, con ese dolor silencioso que nace cuando sabes la verdad... y entiendes que decirla no la hará justa.

Esa noche comprendí algo que nunca quise aceptar:

La verdad no siempre libera.
A veces, te condena a vivir con ella

Aeternum.#OTL3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora