Capi 4

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¿Alguna vez alguien ha captado tu atención por la gran energía que irradia? Parecía una mecha inmensa que se prendía en fuego y nunca llegaba a su final para explotar.

Eso le pasó a Craig después de aquella tarde de entrenamiento ante tan peculiar comportamiento, porque era extraño, pero curioso para seguir observando.

A pesar de no haber avanzado nada en el proyecto, sus amigos se fueron tarde de casa. Iban a dar las doce de la noche y Craig todavía no tenía sueño, juraba que nadie podía robarle esa paz nocturna, ni siquiera la idea de rechazar a una chica al día siguiente, pero tal vez se autoengañaba. La idea de hacerlo y ver a la chica afligida le carcomía un poco la consciencia. El mayor problema es que ni siquiera recordaba quién era Annie, así que estaba inquieto por rechazar a una chica a quien no podía ponerle cara.

Estaba seguro de haberla visto, reconocía el nombre, pero honestamente todas las porristas se veían iguales e intentar recordar quien era quien era un dolor de cabeza que no pasaría por gusto. Le preguntaría a Clyde al día siguiente, al final de cuentas, él solo se metió en este problema, nadie lo mandó a hacer de cupido.

Y en realidad, hablando con total honestidad, ese tipo de tácticas no funcionarían con él, definitivamente no, conocía tan bien esos trucos después de los maratones de películas súper cursis que Tricia lo obligaba a ver los fines de semana.

Cerró sus ojos buscando quedar dormido.

No tuvo éxito. Decidió bajar a buscar algo para comer. Sus padres ya no estaban en la cocina, su hermana estaba sentada en la mesa preparando un pan tostado con mermelada y apenas se vieron fijamente, la pelirroja chasqueó la lengua y empujó el plato hacia el otro lado de la mesa.

—Cómelo, me haré otro, solo que ahora me debes cinco dólares.

—En mi abrigo de la entrada están, gracias mocosa.

Ella le ignoró volviendo a repetir el proceso de meter el pan en la tostadora.

Craig mordió un pedazo y se dispuso a revisar su celular. Red se había animado a abrir una cuenta la semana pasada y había hecho una publicación pidiendo números telefónicos, ese día no lo pensó mucho y le pasó el suyo por comentarios, esperando que ella fuera la primera en mandarle mensaje, hasta ese momento no había sucedido nada.

Pero ya tenía una notificación, la respuesta no le sorprendió ni un céntimo: No me interesa tu número, idiota.

Decidió ignorarlo y siguió desplazándose entre las publicaciones y noticias que le salían, hasta que otra volvió a llegar, pero esta era diferente, le habían dado like al comentario que hizo y al ver el perfil de la persona, se sorprendió por lo pequeño que era el mundo.

Era ese rubio del entrenamiento que había comenzado a frecuentar Clyde.

Era extraño, pero a su amigo parecía agradarle, tal vez debería darle una oportunidad de conocerlo. Normalmente Clyde tenía buen ojo respecto a las personas, solian ser decentes y amigables.

Miró lo poco que era público en su perfil. Algunas fotos donde fue etiquetado por Bebe, la publicidad de una cafetería y un album de recuerdos donde habían postres, fotografías de antiguas obras escolares y manualidades con tela.

Un momento... Manualidades con tela.

Se levantó de su silla dejando el pan a medio comer y fue a buscar el peluche que aún seguía en su bolsa deportiva. Lo miró con detenimiento y después volvió a ver las fotos del perfil.

Tal vez él...

Esos ojos de botones lo hizo apretar los labios.

Suspiró y arrojó el peluche a su cama. Que idea tan estúpida, Tweek ni siquiera lo conocía, incluso parecía no caerle tan bien. Desechó la idea y terminó mandándole una solicitud de amistad.

Sonríeme a MiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora