Catarsis Capítulo VII

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La puerta se abrió sin ruido.
Era tarde.
La casa estaba oscura.
Jack no encendió las luces.
No las necesitaba.
Podía sentirla.
El aire de la habitación principal era distinto. Más cálido. Más frágil.
Caminó por el pasillo con pasos lentos, calculados.
No estaba pensando en Hanayama.
Estaba pensando en sus palabras.
"Haz que ella te elija."
Esa frase no le molestaba.
Lo estimulaba.
Abrió la puerta del dormitorio.
Ella estaba en la cama.
De lado. Dormida. O al menos fingiendo estarlo.
Las sábanas se aferraban a su cuerpo con suavidad. El cabello desordenado sobre la almohada. Respiración irregular.
Jack se quedó en el umbral.
Observando.
No con ternura.
Con análisis.
Había algo distinto en ella desde que regresó.
Algo menos resignado. Más distante.
Se acercó.
La madera del piso crujió apenas.
Ella no abrió los ojos.
Pero sabía que estaba ahí.
Siempre lo sabía.
Jack se sentó en el borde de la cama.
El colchón cedió bajo su peso.
Silencio.
Su mano se apoyó sobre el colchón, cerca de su cintura.
No la tocó.
Aún.
—Hablé con él.
Su voz rompió la oscuridad.
Ella abrió los ojos lentamente.
No fingió más.
El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho.
Jack no la miraba.
Miraba al frente.
—No vino a desafiarme.
Pausa.
—Vino a medirme.
Ella tragó saliva.
—¿Y?
Jack finalmente giró la cabeza hacia ella.
Sus ojos no estaban furiosos.
Estaban afilados.
—Es fuerte.
No fue halago. Fue reconocimiento.
Jack inclinó ligeramente el torso hacia ella.
—Te quiere.
No había sarcasmo.
Solo constatación.
El aire se volvió denso.
—¿Lo sabías?
Ella no respondió.
Jack observó el pequeño movimiento de su garganta.
Eso fue suficiente.
Su mano finalmente avanzó.
Rozó su cintura. Lento. Firme.
No posesivo.
Pero sí consciente.
—No te estoy reteniendo.
Su voz bajó.
—Si quieres irte… puedes.
Eso la hizo mirarlo de verdad.
Porque Jack no decía cosas que no estuviera dispuesto a cumplir.
—Pero si te quedas…
Su pulgar presionó levemente su piel.
—Será porque me elegiste.
No porque te acostumbraste.
Silencio.
La cercanía comenzó a sentirse distinta.
No era frialdad. No era abandono.
Era desafío.
Jack se inclinó un poco más.
Su frente casi tocando la de ella.
—No compito por mujeres.
Su respiración era cálida.
—Compito por superioridad.
Y esta vez…
No hablaba de fuerza física.
Su mano subió lentamente hasta su mandíbula. La sostuvo. No con violencia.
Con intensidad contenida.
—Decide.
No fue orden.
Fue sentencia.
Luego, inesperadamente, se levantó.
Se quitó la camiseta. La dejó caer en el suelo.
Caminó hacia el baño sin añadir nada más.
Como si la conversación estuviera cerrada.
Como si el movimiento ahora dependiera de ella.
La puerta del baño se cerró.
El sonido del agua comenzó a correr.
Ella quedó inmóvil.
Con la piel aún sintiendo el peso de su mano.
Con el pecho ardiendo.
Porque por primera vez…
Jack no la estaba ignorando.
La estaba viendo.
Y eso era infinitamente más peligroso.

Baki - One ShotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora