Catarsis - Capitulo VIII

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El sonido del agua cayendo contra los azulejos llenaba la habitación.
Ella permaneció inmóvil unos segundos más.
Podía quedarse.
Podía fingir que nada había cambiado.
Podía dejar que todo siguiera igual.
Pero ya no quería quedarse en el borde.
Se levantó.
El suelo estaba frío bajo sus pies descalzos.
Cada paso hacia el baño se sentía como si caminara hacia una línea invisible.
No tocó.
No pidió permiso.
Abrió la puerta.
El vapor envolvía el espacio.
Jack estaba de espaldas bajo el agua.
La iluminación tenue marcaba las cicatrices sobre su piel. Cortes antiguos. Marcas de pelea. Historia escrita en carne.
No se giró.
Sabía que estaba allí.
—Pensé que dormirías.
Su voz fue neutral.
Ella cerró la puerta detrás de sí.
—No puedo dormir.
El agua seguía cayendo.
Jack apoyó una mano contra la pared, inclinando ligeramente la cabeza.
—Entonces habla.
No era frío.
Era directo.
Ella avanzó hasta el borde de la ducha. El vapor le humedeció la piel.
—¿Si me voy… de verdad no me detendrías?
El agua dejó de correr.
Silencio.
Jack cerró la llave lentamente.
El sonido del goteo fue lo único que quedó.
Se giró.
El agua resbalaba por su rostro, por su cuello.
No parecía vulnerable.
Parecía concentrado.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Sin duda.
Ella sintió que algo dentro de su pecho se tensaba.
—¿Ni siquiera intentarías convencerme?
Jack salió de la ducha.
El agua marcaba su recorrido sobre el suelo.
Se detuvo frente a ella.
Muy cerca.
—No mendigo.
Sus ojos bajaron hacia los de ella.
—Y no retengo.
No había orgullo en su tono.
Había código.
Un código brutal, pero honesto.
—Si eliges irte, significa que "esto" no era real
Eso la golpeó más que cualquier grito.
Porque no lo dijo con rabia.
Lo dijo con aceptación.
Jack levantó una mano. No la tocó aún.
—Pero si te quedas…
Sus dedos finalmente se apoyaron en su cintura. Firmes. Estables.
—No será por costumbre.
Será porque decidiste que estoy por encima de él.
La competencia volvía a aparecer.
No por posesión.
Por superioridad.
Ella podía sentir su calor. El peso de su presencia. El desafío en su mirada.
—No compito con palabras —continuó—.
Su pulgar presionó ligeramente su piel.
—Compito demostrando.
El aire se volvió más pesado.
No era seducción.
Era intensidad.
Era un hombre que no sabía amar con suavidad…
pero sí sabía luchar.
Y ahora estaba luchando.
No con puños.
Con presencia.
—Dime algo —murmuró él, inclinándose apenas—.
Su respiración chocó contra la de ella.
—Cuando él te mira… ¿sientes lo mismo que cuando estoy frente a ti?
Silencio.
El vapor aún flotaba en el aire.
La pregunta no era romántica.
Era directa.
Instintiva.
Primitiva.
Ella sintió que el mundo entero se reducía a esa distancia entre ambos.
Jack no la estaba tocando con fuerza.
No la estaba acorralando.
La estaba midiendo.
Esperando.
Y eso… era más peligroso que cualquier amenaza.

Su pecho subía y bajaba con fuerza.
El calor. La presión. La intensidad de su mirada.
Siempre había sido así con Jack.
Nunca suave. Nunca simple.
Siempre como estar al borde de un precipicio.
Podía retroceder.
Podía dudar.
Podía seguir preguntándose.
Pero por primera vez… no quiso pensar.
Su mano se levantó.
Lentamente.
No temblaba.
Se apoyó sobre el pecho de Jack.
Caliente. Firme. Vivo.
Sintió el latido fuerte bajo su palma.
Constante.
Dominante.
Jack no se movió.
Ni un músculo.
Pero sus pupilas se dilataron levemente.
Ella dio un paso adelante.
Reduciendo la distancia.
Ya no estaba siendo evaluada.
Estaba eligiendo.
Y entonces lo besó.
No fue tímido.
No fue suave.
Fue directo.
Decidido.
Como si estuviera cruzando una línea que llevaba demasiado tiempo frente a ella.
El mundo no explotó.
No hubo arrebato inmediato.
Hubo algo más peligroso.
Un segundo de absoluta quietud.
Jack no respondió al instante.
Y ese segundo fue eterno.
Porque si él la apartaba… todo terminaría ahí.
Pero no lo hizo.
Su mano subió lentamente hasta su nuca.
No para dominar.
Para sostener.
El beso cambió.
Se volvió más profundo. Más firme.
Más real.
No había desesperación.
Había afirmación.
Jack la empujó apenas hacia atrás hasta que su espalda tocó la pared fría del baño.
No con violencia.
Con decisión.
Cuando se separó apenas, su frente quedó apoyada contra la de ella.
Su respiración pesada.
Sus ojos distintos.
No suaves.
Pero sí enfocados.
—Eso fue una respuesta.
No era pregunta.
Era reconocimiento.
Su mano descendió por su cintura.
No posesiva.
Pero sí segura.
—No compitas si no estás dispuesta a ganar.
Su voz era baja.
Grave.
Ella lo sostuvo de la camisa húmeda.
—No estoy compitiendo.
Silencio.
Sus miradas chocaron.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
Jack no parecía estar midiendo a otro hombre.
La estaba midiendo a ella.
Y lo que vio…
Le gustó.
No porque fuera sumisa. No porque fuera débil.
Sino porque había decidido.
Y un Hanma respeta la decisión.
Más que cualquier otra cosa.
Jack se inclinó nuevamente.
Esta vez no fue competencia.
Fue algo más primitivo.
Más honesto.
Más peligroso.
No estaba luchando contra Hanayama.
Estaba reclamando lo que ella había elegido.
Y eso lo hacía infinitamente más intenso.

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⏰ Última actualización: Feb 25 ⏰

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