Catarsis - Capitulo VI

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El gimnasio subterráneo estaba vacío.
No por casualidad.
Los hombres de Hanayama habían recibido una sola instrucción:
Nadie baja.
Porque si algo ocurría ahí… no debía tener testigos.
Hanayama entró sin prisa.
El concreto bajo sus zapatos resonó como un metrónomo.
Jack ya estaba allí.
De pie.
Sin camiseta. Sin vendajes. Sin necesidad de anunciarse.
No parecía sorprendido.
—Tardaste.
Hanayama lo observó en silencio.
No respondió.
No necesitaba hacerlo.
El aire entre ambos comenzó a tensarse de forma casi física.
No era imaginación.
Era presión real.
Los dos hombres estaban diseñados para pelear.
Sus cuerpos lo sabían.
Sus instintos lo exigían.
Jack dio un paso al frente.
El suelo vibró apenas.
—¿Vienes a marcar territorio?
La pregunta no tenía burla.
Tenía filo.
Hanayama se detuvo a pocos metros de él.
Suficientemente cerca para que el oxígeno se volviera pesado.
—Vine a entender algo.
Jack inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Entender qué?
—Por qué la estás dejando pudrirse.
El silencio que siguió fue denso.
Peligroso.
Los músculos de Jack no se movieron…
pero algo en su mirada cambió.
—Ten cuidado.
No fue advertencia ruidosa.
Fue declaración.
Hanayama no retrocedió.
—Dos semanas y media sin contacto.
Cada palabra cayó como martillo.
—Dieciséis días sin saber si estaba viva o muerta.
Jack avanzó otro paso.
Ahora estaban a menos de un metro.
—Sigue hablando.
El suelo comenzó a agrietarse ligeramente bajo la tensión de sus cuerpos.
Hanayama sostuvo su mirada.
—Si no vas a proteger lo que es tuyo… alguien más lo hará.
Ahí estuvo.
La línea.
La mandíbula de Jack se tensó apenas.
Una vena marcada en su cuello palpitó.
Pero no atacó.
Sonrió.
Una sonrisa lenta.
Oscura.
—¿Proteger?
Se inclinó levemente hacia Hanayama.
—Ella no es débil.
—No dije que lo fuera.
—Entonces no hables como si lo fuera.
El aire se volvió más fino.
Más difícil de respirar.
Jack bajó la mirada por un segundo…
no en sumisión.
En cálculo.
—La quieres.
No era pregunta.
Hanayama no dudó.
—Sí.
La respuesta no fue alta.
Pero fue absoluta.
Jack exhaló por la nariz.
Una risa mínima.
—Entonces entiéndelo bien.
Se acercó aún más.
Sus pechos casi rozándose.
Dos montañas frente a frente.
—No la estoy reteniendo.
Pausa.
—La estoy dejando decidir.
Hanayama sostuvo el silencio.
Jack continuó:
—Si me deja… no la seguiré.
Eso no sonaba como derrota.
Sonaba como seguridad.
—Pero si intentas manipularla… —la voz de Jack bajó un tono más— te arrancaré los brazos antes de que toques su puerta otra vez.
No gritó.
No necesitó hacerlo.
La amenaza era real.
Hanayama no se inmutó.
—No manipulo.
—Lo sé.
Jack lo estudió.
Lo midió.
—Pero deseas.
Esa palabra tenía peso.
Hanayama no negó.
—Sí.
Jack dio un paso atrás.
Por primera vez creando espacio.
—Entonces haz que te elija.
No hubo permiso.
Hubo desafío.
—Porque si ella te prefiere…
Sus ojos brillaron con algo casi salvaje.
—Yo aceptaré la derrota.
Eso fue lo más amenazante de todo.
Porque un Hanma no dice eso a la ligera.
Significaba que Jack estaba dispuesto a poner su orgullo en juego.
Pero no su fuerza.
El silencio volvió a caer.
Ambos entendieron lo mismo:
No pelearían esa noche.
No aún.
Pero si uno cruzaba la línea…
No habría segunda conversación.
Hanayama giró hacia la salida.
Antes de subir las escaleras, habló sin mirarlo.
—No la subestimes.
Jack respondió sin girarse.
—Nunca lo hice.
Cuando la puerta metálica se cerró, el concreto bajo los pies de Jack finalmente cedió.
Una grieta profunda atravesó el suelo.
No por el peso.
Por la contención.

Baki - One ShotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora