𝐄𝐃𝐋 ❘ ❝Sus ojos mostraban la profunda rabia y tristeza de su alma❞
En dónde Shōseizon Euphemia tiene que vestirse como un hombre y hacerse pasar por su hermano menor para proteger su propia vida.
O
Dónde la ira que tanto había...
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˗ˏˋ ༗ ˎˊ˗
🌬️⋆。𖦹°‧❛El cielo estaba demasiado cerca para parecer un sueño y demasiado lejos para sentirse como libertad; bajo tanta luz, nunca había visto tan claramente su propia soledad. ❜.₊˚⊹꒷🍃
· · ─────── ·悲· ─────── · ·
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A TAN SOLO CUATRO DÍAS DE LA FECHA PROGRAMADA CON LA EJECUCIÓN DE Portgas D. Ace, la despampanante mujer de orbes cuál océanos podía afirmar con absoluto horror y certeza que estaba empezando a impacientarse. No solo se hallaba influenciada por la sensación de perpetuo ahogo que le brindaba la gigantesca finca de la familia Shepherd y lo de tan malhumor que la ponía toparse con algún esclavo del lugar. Los odiaba, pese a que sería más preciso afirmar que aborrecía la idea de tener que convivir con humanos, su nula libertad poco influía en su percepción. Estaba hastiada y su retorcida cabeza esa misma madrugada había decidido no darle tregua, orillándola a pensamientos sobre su ascendencia y más cosas vomitivas relacionadas con Callidora que prefería ignorar en azares de su propia tranquilidad.
Ya tenía suficiente con estar atrapada en Mary Geoise, aquel no era momento para además pensar en su apariencia y lo que representaba para ella.
‹Un problema a la vez› suplicó para sus propios adentros, bajando la mirada lentamente del retrato que, en realidad, la plasmaba a ella perfectamente. No sabe que le sorprende más, si el hecho de que ya hubiese uno completamente nuevo allí, o si su propia estupidez al creer que no tendrían una o más copias en algún lugar. Fuese como fuese, a Shōseizon Euphemia aún le costaba entender cómo demonios sus pies parecían llevarla siempre a ese mismo lugar, siempre hacia esa sala de retratos, y siempre plantarla justo allí, frente al suyo propio. No se entendía ni a sí misma, confundida ante lo que sea que su cabeza o su propio corazón intentaban decirle cada vez que ella estaba ante su retrato, tratándolo cada segundo más como a una ventana del pesado, que a un espejo. ‹De paso es horrible, joder. Para hacer retratos no solo hay que saber dibujar caras, sino buena ropa. Pero esa de allí es sosa como el infierno› el retrato es del pecho hacia la coronilla, por lo cual, la desafortunada elección de vestimenta y las joyas elegidas son un desacierto que al menos la distraen de lo obvio.