kidnapped

304 24 0
                                    

Cuando el beso acabó, nos sonreímos y Daryl pasó un brazo por mis hombros.

-Se te viene una muy grande -susurró de una manera que sólo ambos escucharamos.

-¿Qué? -pregunte confundida y lo miré achinando los ojos.

-Mira detrás de tí -Daryl soltó y besó mi mejilla.

Ambos nos dimos vuelta y sentí una mano arder en mi mejilla y voltearme la cara. Por instinto, sobé mi mejilla y miré al frente. Basta, me cansé. Voy a poner a Carol en su lugar.

-Podré ser la persona más paciente del mundo, pero ahora sí me cansaste -dije con un tono de indignación y le pegué un puñetazo en la nariz, tirándola al piso y probablemente provocándole una hemorragia nasal.

Me coloqué arriba de ella, trabándola. Mis rodillas estaban sobre sus manos, a la altura de su cabeza. Con las manos sostenía sus cabellos y si gritaba mucho tiraba de estos.

-Esto es sencillo, o comprendes por las buenas o por las malas. Daryl no te quiere de la manera que tu quieres -modulé en su oído y ella intentó librarse, pero en vez de conseguir eso, golpeé nuevamente su cara- ¿Entendiste?

-¡Eres una zorra! -comenzó Carol. Luego gritó un montón de artrocidades más.

Suspiré y rodeé los ojos, no la puedo hacer entender. Miré a Daryl y este me ayudó a levantarme.

-Me quedaré y la ayudaré, ve a tu cuarto si quieres. Creo que te pasaste un poco, recuerda que también es mí amiga -susurró en mi oído y quedé shockeada.

-Como quieras -me encogí de hombros y caminé con bronca a mi celda, donde me quedé por una hora meditando.

¿Cómo puede ser tan bipolar? Me termina de besar y se va a ayudar a la chica que gusta de él, es increíble. Por mi parte, no puedo creer lo tonta que fuí.

Me levanté de la cama y tomé todas mis armas. Voy a salir. Le avisé a Maggie, la cuál me encontré en el pabellón y salí de la cárcel.

Caminé por el bosque hasta que sentí algo clavarse en mi brazo, una jeringa con un líquido verde que supongo que es un sedante. Sin darme cuenta, caí al suelo y unos hombres me rodearon. Mi mirada se empezó a nublar y las figuras y voces se distorsionaban.

-¿Ésta es la que nos mandó Carol? -preguntó uno.

-Deberíamos llevársela al Gobernador, es de la prisión -dijo otro.

-Debe ser pariente del pelirrojo que mató a mi esposa -comentó alguno de ellos.

Y eso fue lo último que escuché, porque luego de eso desperté en una habitación con  una luz algo apagada.

Intenté hablar, pero estaba amordazada y atada a un caño en medio de la habitación. A mi derecha, una mesa con utensilios médicos y, a mi izquierda, una mesa con... látigos. Distintos tipos de látigos, grandes, pequeños, de cuero, de tela... Por último, en frente mío habían tres hombres. Uno sin un ojo, otro sin una mano y otro más normal.

-¡Despertaste! -dijo el que no tenía un ojo con una alegría fingida -Bienvenida a Woodbury, yo soy el gobernador, él es Merle -señaló al que le falta una mano- y él es Mike -señaló al otro- La gente suele divertirse y estar seguros aquí, pero tu sufrirás, querida.

-¿P-Por qué hacen esto? Ni siquiera me conocen -dije cuando me quitaron la mordaza- Oh, déjame adivinar. ¿Es porque yo tengo dos manos y dos ojos? -dije en un tono irónico mientras los miraba por desprecio. Nos miramos de una manera hostil unos minutos y le tiré un escupitazo.

-Azótenla -dijo el gobernador con ira mientras se secaba mi saliva.

Los hombres me levantaron la remera y dieron vuelta, mostrándoles mi espalda. Esto dolerá, pero supongo que me lo busqué.

Grité muchas veces de dolor, tres hombres me estaban azotando la espalda a la vez. Me estaban lastimando tanto físicamente como emocionalmente, ya que recuerdo que uno de ellos había dicho algo sobre que Carol los mandó.

Cuando creí que habían terminado, me bajaron la remera y gemí de dolor cuando sentí la tela hacer contacto con todas esas cicatríces y cortes. Entonces, me desataron y comenzaron a pegarme. Puños que se convirtieron en patadas, y así sucesivamente.

Creo que me rompieron un hueso, pero eso no es lo que importa ahora.

-Llévenla a la enfermeria. No dejen que le curen las heridas de la espalda, solo díganle que se fijen si tiene roto algún hueso -ordenó el Gobernador.

Los hombres me tomaron de los brazos y me llevaron a la puerta de aquél lugar.

-Finje que te encontramos en el bosque y estabas herida. No queremos asustar a los ciudadanos -dijo el Gobernador mientras miraba al frente.

-¿O qué? ¿Me quitarás un ojo para ponertelo? -pregunté con sarcasmo.

-No, se los quitaré a quienes más aprecias -dijo, y se presenció un momento de silencio- Ahora sí, llévensela. 

Me dejaron caminar sola, pero vigilada por ellos hasta que llegamos a una casa, de la cuál salió un hombre con anteojos y... ¿Andrea?

-¿Andrea? -pregunté con una ceja levantada.

-¡Marie! Dios mío, ¿qué te pasó? -dijo señalando todos mis moretones.

-Los buenos de tus amigos- -quise seguir pero Merle me interrumpió.

-La encontramos en el bosque. La estamos llevando a la enfermería -Merle dijo rápidamente, mientras me miraba mal. Yo solo rodeé los ojos.

-Sí, seguro -dije mientras revoloteaba los ojos. Merle me pisó un pie como advertencia.

-Bueno... -me contestó Andrea con inseguridad.

-Perdón, Andrea, pero nos tenemos que ir a la enfermería -habló rápidamente Merle y me arrastró adentro.

Unas personas me atendieron y me revisaron. Cuando terminaron, dijeron que "por suerte" no se me rompió nada. Cínicos hijos de puta de mierda.

Luego me entraron a una camioneta y manejaron hasta una especie de... ¿fábrica abandonada?



Apocalipsis. - The Walking Dead, Daryl Dixon y tú.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora