LA SOLEDAD Y YO.

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Tu ya no estas.
Te tuviste que marchar.
Dejándome aquí con mi soledad, me diste el tiempo que nunca pedí.
Pero esta bien, supongo.
Ya me hacia falta estar solo.
Solo yo, mi soledad y mis demonios.
Tiempo sin venir al inframundo.
Extrañaba este lugar, tan cálido, tan privado y tan merecido.
Me tope con un demonio y me preguntó por ti, y le conteste que nuestros caminos fueron distintos, que tu fuiste al cielo y que me tocó bajar y pasar mi eternidad junto con todos ellos.
Pero me dijo que tenia que pasar mi eternidad solo, que ese sería mi castigo.
Que reflexionara sobre todo lo que viví y que llorara si tenía que hacerlo, pero no muy fuerte por que molestaba a los demás huéspedes.
Me despedí de ese agradable sujeto y prometió nunca más volvernos a ver.
Me dijo que estaba en el infierno para pagar una condena, no para hacer amigos. Y que min condena era estar solo.
Se marchó, no lo volví a ver.
Aun que mi condena me gusta, estar solo es sinónimo de paz.
Pero, ¿puede haber paz en el infierno?
Nose, lo averiguare.
Pero siendo sincero.
No te diré que no te extraño, pero el tenerte cerca me hace daño.
Me sigues poniendo nervioso.
Me trabo al hablar y pierdo la cordura.
Se me eriza la piel, siento un escalofrío de la cabeza a los pies.
¿Tu sentirás lo mismo cuando me ves?

ETERNO.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora