El sol de Panamá quemaba, pero la brisa del mar daba un respiro. Leonor, vestida de civil pero con la postura inconfundible de sus años en la Academia Militar y el buque escuela Juan Sebastián Elcano, descansaba en la arena junto a sus compañeros de tripulación.
Todo transcurría con normalidad hasta que Mateo, uno de los guardiamarinas más lanzados, divisó a un grupo de tres chicas caminando por la orilla. No parecían locales.
-Ahorita vengo, voy a desplegar la diplomacia española -bromeó Mateo, acomodándose el pelo.
Leonor y María, otra de las oficiales en formación, compartieron una mirada de complicidad. No pasaron ni cinco minutos cuando Mateo regresó con las orejas gachas y una sonrisa resignada, mientras las tres chicas se reían a lo lejos.
-¿Qué pasó, conquistador? -se burló María.
-Un muro de contención absoluto -suspiró Mateo-. Una tiene novio, la otra ama su soltería y la tercera es lesbiana y soltera. No hubo por dónde entrar, ni diciendo que soy europeo.
-Pues es momento de que la Corona dé la cara -dijo Mateo, mirando fijamente a Leonor-. Anda, ve tú. A ti no te van a rebotar.
-No fastidies, Mateo. Seguro me han reconocido -respondió Leonor, repentinamente cohibida. Aunque estaba fuera de España, su rostro era demasiado público.
-Qué va, están en su mundo. Ni miraron mi uniforme cuando lo mencioné. Anda, atrévete.
Empujada por la insistencia de sus compañeros y una curiosidad repentina, Leonor se puso de pie. Caminó por la arena húmeda con paso firme. Al llegar frente a ellas, esbozó su mejor sonrisa institucional, esa que mezclaba cercanía y respeto.
-Hola, un gusto -dijo, extendiendo la mano de manera formal.
Las chicas se sorprendieron. En lugar de darle la mano, la rubia y la pelirroja se acercaron para darle el clásico beso de saludo en la mejilla, pero al estilo americano (solo uno). Leonor, acostumbrada al protocolo español de dos besos, amagó el segundo y quedó a medias, provocando una risita. Sin embargo, la tercera chica, una castaña de ojos expresivos y mirada tímida, sí aceptó los dos besos sin dudar.
-¿Sos amiga del gallego de allá? -preguntó la rubia con un marcado acento porteño.
-Sí, estamos juntos en la marina española. Soy Leonor, ¿cómo se llaman?
-Yo soy Martina -dijo la rubia-. La del novio, por las dudas.
-Yo Julieta, defensora acérrima de la soltería -intervino la pelirroja, señalando luego a la castaña-. Y ella es Ariana. Es lesbiana, por si tu amigo tenía esperanzas.
Ariana se sonrojó levemente, desviando la mirada. Tenía un cabello castaño hermoso y una energía que a Leonor le pareció magnética al instante.
-Un gusto, Ariana -dijo Leonor, manteniendo el contacto visual-. ¿Son de por aquí?
-No, de Argentina. Vinimos de pasada unos días antes de volver a la temporada -explicó Ariana con voz suave.
-Bien... -Leonor miró hacia atrás, donde sus compañeros hacían señas-. ¿Quieren acompañarnos? Estamos un rato libres antes de volver al buque.
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One short
Fanfictionson historias que se me vienen y son cortas, aprte de sus pedidos
