Sinfonía 28 parte 1.

220 9 4
                                        

*LEER NOTA AL FINAL*

-Alex...

-Doménico -levante mi mano en señal de que parara-, ya.

Me "traté" de levantar de la cama, hasta que el me interrumpió.

-¡Hey!, que se supone que haces Alexa, por Dios.-trató de frenarme colocando su mano en mi codo para empujarme de vuelta a la cama.

-¡Déjame!, quiero mear y luego irme ¿tan difícil es de entender?.-bufé levantandome finalmente, Domé me observaba.

-¡¿Que co..?!-la puerta se abrió dejando ver al doc y a mi padre entrar por ella.

-Alexandria, ya veo que haz mejorado y quieres levantarte.-me sonrió el doc.

-¡No me diga!, tengo ganas de orinar pero cuando me voy a levantar, resulta que tengo una muy linda e incomoda sonda.. ¡Yupi!.-gruñí.

-Oh, ahora mismo le diré a la enfermera que te la quite, podrás ir a casa en la siguiente media hora ¿vale?.-me contestó indulgente.

-Bah, esta bien.. Los hospitales me enferman.-puse una expresión de repulsión.

El doc rió.-Oye, no es tan malo Alexandria, igual no te salvaras de hacer un tratamiento en casa, que conste.

Indirectamente, sabia que eso pasaría.

-No es algo a lo que negarme sea opcional ¿cierto?, así que no me importa.

-Siempre tan directa..-musito Domé tratado de esconder una risa.

Rodé mis ojos y me volví a la cama.

-Vale, no me miren así, no soy un experimento.-refunfuñe- Ahora largo, quiero estar sola hasta que venga la enfermera ¿está bien?.-pregunté.

En respuesta todos asintieron, si, hasta el doc y me dejaron sola.

Bueno, eso fue fácil, lo difícil fue que me sacaran la sonda y me ayudaran a pararme para mantener el equilibrio. Joder, parecía que estuve una eternidad inconsciente, luego me informaron que fueron tres días mientras me tomaba un jugo que me trajeron junto con la comida y escupí todo haciendo que la enfermera que me lo informo se riera y me dijera burlonamente:

-Chica, ¿crees que tres días es una eternidad? imaginate como reacciona la gente que estuvo en coma por dos años, oye, lo tuyo no es nada en comparación así que cálmate.-rió.

-Lo siento, es que nunca me había pasado esto, es obvio que no puedo evitar estar conmocionada.-suspiré cortando la carne en mi plato.

-Tranquila, no pasa nada, solo me pareció un poco exagerada y graciosa tu reacción. Yo pensé que el doctor sexy te lo había dicho, linda.-me sonrió comprensiva.

-Bueno, supongo que si, pero gracias por decírmelo. Por otro lado estoy de acuerdo con que el doc Gisburn es atractivo, apuesto que mi mejor amiga trataría de sacarle su numero telefónico.-me reí.

Ciertamente el doctor Gisburn era muy sexy, pero no lo suficiente para lanzarmele. Aparte de que yo no era así, claro.. Debía admitir que con esos ojos y esa barba de días.. ¡Dios! tenia a todo el hospital nadando por la saliva.

-Creo que puedo hacer algo con respecto a eso ultimo, primor.-me guineo un ojo y se carcajeo. Luego se fue a por mi ropa, la había traído Silvan, así que al fin había hecho algo bueno *sarcasmo*

Me vestí (milagrosamente, Silvan empacó mi remera de magas largas de Metallica y mis pantalones entubados, junto con mis converse negras)y me puse algo de desodorante por que no quería salir con olor a hospital, me enfermaba.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Oct 24, 2015 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

The Bittersweet Symphony ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora