Historia

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3. Historia

Pov "N"

L ya se había dormido, watari me lo había agradecido totalmente porque no se había tenido que calar sus locuras.

Pero durante ese tiempo que estuve cuidándolo mientras dormía, me puse a pensar en lo que una vez fue:

Me acordé de cuando tenía cuatro años de edad y me encontraba en la biblioteca, ese era mi primer día en la wammy's House, Roger y varios hombres armados me habían ido a buscar. La historia de antes de que entrara en la institución había sido muy horrible, no me volví loca gracias a Roger y a watari.

Recuerdo que desde un mes antes Roger había llegado a la gran casa y me hacía algunas pruebas mientras jugaba con migo; probaba mi agilidad con los números, mi intuición, mi razonamiento deductivo y mis talentos; en ese entonces solo tocaba tres instrumentos y aplicaba solo técnicas de Da vinci en mis pinturas, y al parecer eso le llamó mucho la atención a Roger... pero él había notado algo más en mí que nadie más notó: y era que sufría por cosas que a esa edad no entendía y que ahora a los 19 me torturaban cada noche con los confusos y borrosos flashbacks.

Una vez, mientras yo jugaba con las cartas zener, Roger me preguntó con algo extraño en su forma de hablar:

— Cariño... ¿tú eres feliz viviendo sola con tu papá?

— No, él siempre está trabajando y cuando llega por la noche, actúa extraño— le respondí con la verdad y con esa inocencia de niña.

— ¿de veras? Y... ¿qué hace?

— dice que quiere jugar con migo en su cuarto...

Roger entendió de inmediato lo que sucedía y preguntó entonces una cosa que aclararía sus dudas de una vez por todas:

— y cuando ustedes juegan... ¿a ti te duele?

— sí, e incluso tengo algunos morados— dije tomando la carta de la estrella acertando por onceava vez— pero papá dice que son marcas de guerra.

Roger en ese momento se puso a temblar, no podía creer lo que ocurría y que yo aún siguiera siendo una niña inocente, en realidad él agradecía que tuviera esa inocencia.

Ese día Roger llamó a papá diciéndole que me llevaría a la institución para hacerme las últimas pruebas pero me llevó realmente con uno de sus doctores.

Al parecer este le reconfirmó lo que sospechaba y desde ese día comencé a ver a los psicólogos que parecían mostrar un gran interés por mi personalidad, pues decían que iba en contra de lo que vivía.

Roger me volvió a llevar a casa pero parecía que no quería dejarme allí porque me preguntaba de seguido:

— ¿segura de que no quieres quedarte por hoy en la institución? Será divertido y conocerás a muchos niños como tú.

— ¿Como yo?

— Sí, son muy inteligentes y les gusta leer, la música y las pinturas, ellos no son como los niños de tu vieja escuela. Ellos no te molestarán.

— Pero yo no quiero tener amigos— esa confesión hiso que Roger se interesara más en mi personalidad.

— bueno, entonces solo yo me divertiré contigo, además, tenemos una biblioteca enorme que sé que te encantará.

— ¿de veras?

— sí... y podrías vivir allá si quieres.

— si quiero, ¿y hay salones de pintura?

— hay de todo lo que quieras.

En esos momentos amé la idea de vivir en aquel lugar, me parecía el paraíso.

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