Capitulo 6

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Llevaba diez minutos, o quizás más, tiritando de frío en la puerta. Y haciéndose a la idea de que tendría que dormir en la calle porque Paul no la atendería. Una y otra vez se dijo que ir a Londres a comenzar su búsqueda había sido la peor decisión de su vida. Si no lo hubiera hecho, a esa hora estaría calentita en su casa y no allí.

Al fin vio a través de una puerta de hierro y cristal que una luz amarilla se encendía y que alguien caminaba hacia ella con unas llaves.

-¿Qué haces aquí? –gritó Paul cuando abrió la puerta.

-Déjame pasar. Por favor....-suplicó desde la acera.

Paul entró nuevamente y presionó un botón, que hizo que las rejas exteriores se abrieran automáticamente. Midori entró al jardín y se dirigió a la casa. Paul salió nuevamente, cruzado de brazos para protegerse del frío.

-Qué noche horrible. Dime qué haces aquí.

-Es que...

-Anda, entra o te congelarás. –la interrumpió.

Midori paseó sus ojos al entrar a la gran galería cubierta de mármoles blancos mientras Paul cerraba la puerta.

-Mandé al servicio a dormir así no te ven y piensan cosas que no son. Ahora dime porqué estás aquí.

-Es que...es que vino mi novio y bueno, peleamos mucho y me fui del hotel donde dormía, pero olvidé el dinero. Y no quería dormir en la calle.

-¿Tienes novio?

-Sí.

-¿Y te dejó ir con esta noche que está haciendo?

-Sí pero...me fui yo.

-Da igual, él no te tendría que haber dejado. Estos jóvenes...Bien, sígueme.

Siguió a Paul por un extenso corredor donde los pisos parecían espejos de tan limpios y lustrados que estaban, y donde había también una colección de cuadros y adornos de todo tipo.

-¿Tienes hambre? –preguntó Paul cuando llegaron a una sala que mas bien parecía biblioteca por lo repleta de libros que estaba.

-Hambre tengo siempre.

Sonrió y con la mano le hizo un ademán para que lo siguiera. Al fin llegaron a una cocina que Midori comparó con la extensión total de su casa.

-Bien, aquí tienes comida, elige lo que mas te guste.

-¿De verdad? –Midori abrió el refrigerador -¡Hay de todo!

-Sí.

-¿Y puedo comer todo?

-Oye, con cuidado, que no tengo ganas de llevar chiquillos al doctor porque tuvieron un atracón.

-No soy una chiquilla.

-Me da igual. Ah, mira, ¿ves ésa escalera? –señaló una escalera de caracol.

-Sí, claro que la veo.

-Puedes subir por ahí hasta las habitaciones. Las de la derecha son para huéspedes, elige la que mas te guste.

-Pero Paul...¿qué dirá tu familia? Bueno, Nancy...la verdad es que tiene cara de que no le gusta nada.

-Oye no te pases.

-Lo dice todo el mundo. –se excusó poniendo cara de inocente -¿Qué le dirás?

-Nancy no vuelve hasta mañana al mediodía. Y no hay nadie maás en la casa, salvo la mujer que te atendió por el portero eléctrico y dos choferes.

Mi abuelo es un beatleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora