Escuchó que, en un ruido infernal de chapas y cosas que caían, llegaba el auto de su madre, con su madre arriba, claro. Bajó corriendo, su madre ya empujaba la puerta cargada con bolsas de supermercado.
-¡Mamá, mamá!
No hubo respuesta, la mujer sólo sacaba las cosas de las bolsas y maldecía por su precio.
-¡Caster!
-¡Ay, que no me llames por mi nombre!
-¡Es que parece que no me escuchas!
-¿Cómo no escuchar tu voz chillona? ¿Qué quieres?
-¿Tú sabías de esto? –levantó el cuaderno-diario de su abuela.
-¿Y qué diablos es eso? –se lo arrancó de las manos y lo miró-¿De dónde lo sacaste?
-Del baúl grande, el verde ese.
-¿Y cómo conseguiste la llave?
-¡Eso no importa ahora! ¡Lee!
-Ay cómo me tienes con tus cosas...A ver...
Comenzó a leer, primero con indiferencia, después maldiciendo. Al último, ya no tenía otra expresión más que asombro.
-Me engañó. Me engañó toda la vida. ¡Odio a mi madre! De hecho, la mataría si ella no me hubiera ganado muriéndose antes.
-¡Mamá! Lo ha hecho para que nunca supieras qué clase de porquería tenías como padre.
-Ok, pero me engañó.
-Bueno...sí.
-No entiendo porqué todo ese cuento de los Beatles, ¡podría haber inventado otros padres y ya! ¿Por qué ellos?
-Quizás pensaba que así te sentirías bien, y que si un día los buscabas, ellos te aceptarían, cosa que el tal Pick parece que no haría.
-Pero nunca los busqué, fuiste tú. ¿Ves? Hubieras dejado todo como estaba.
-Mamá...
-Bueno, ahora lo hecho, hecho está. ¿Cómo seguimos?
-Buscaré a Pick.
-¡No! Hazle caso a la vieja, sino la mentira que sostuvo toda no tendrá sentido. El Pick te echaría y probablemente no tenga dinero, ¿para qué lo queremos?
-Deja de pensar en el dinero.
-De algo o de alguien hay que vivir. Ay Midori, has lo que te plazca, pero no me vengas con llantos. A menos que Pick sea rico. Ahí le dices que estuve buscándolo toda la vida.
Sin ganas, sonrió, y su madre también. Subió al ático y para su sorpresa, Caster la siguió.
-Déjame ver si hay algo más. –dijo revolviendo el fondo del baúl-Sé que hay más cosas de tu abuela, pero están tapadas con la basura que dejó tu padre. Ayúdame.
Juntas levantaron cajas, bolsas, y una nube de polvo.
-Vaya, vaya, no sabía de estas herramientas de tu padre.
-Parecen importadas.
-Las venderé.
Continuaron buscando, pero no había más que cosas en desuso.
-¿Cómo decía que se llamaba? –preguntó Caster.
-John Perkins.
-Lo buscaré en la guía telefónica.
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Mi abuelo es un beatle
Humor¿Qué pasaría si las historias que te contó tu abuela resultaran ciertas? ¿Qué pasaria si, de un día para otro, descubrieras que el abuelo que nunca tuviste es un beatle, pero no sabes cuál es?
