-¡Ven aquí ahora mismo!
Caster sólo obtuvo por respuesta un portazo que sacudió toda la casa. Suspiró, resignada, mirando por la ventana a su hija, que caminaba llevando casi a rastras una pesada maleta.
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-Ay, ¿cómo puede ser que un poco de ropa pese tanto?
Midori dejó la maleta en el suelo, a pesar de que se ensuciaría con polvo, y se secó la frente sudorosa. Le gustaba vivir casi en medio del campo, pero detestaba tener que caminar hasta llegar al pueblo cuando se trataba de ahorrar en autobús. Hablando de autobús, éste se acercaba, y pasó a escasos centímetros de ella, envolviéndola en una nube de tierra. Tosiendo, levantó la maleta.
-Empezamos bien...-bufó, reanudando la caminata.
Escuchó un extraño ruido y se detuvo. Reconocía eso, es mas, cualquiera se daría cuenta de lo que era, pero no podía creerlo. Se giró y comprobó que no estaba equivocada.
-¡Giuseppe! ¿Qué haces aquí, pato?
Corrió hasta el animal, que sólo respondió con dos escuetos...cuacs. A pesar de la larga caminata, se veía muy fresco y elegante.
-¿Por qué me has seguido? Ahh...ya sé, piensas que te abandonaré. Pues te has equivocado patín, Midori regresará, ¡y con abuelo! ¿Qué te parece?
El pato sólo hizo otro "cuac" que a Midori le hizo parecer que estaba en desacuerdo.
-Tranquilo, los dos posibles abuelos son vegetarianos. No te comerán.
Giuseppe sólo dio un pasito hacia adelante y se dejó acariciar por su dueña.
-Ahora vuelve, ¿si? Vamos, ¡a casa pato loco!
Lo espantó con la mano y Giuseppe comprendió, porque dio media vuelta y emprendió el regreso a casa. Midori levantó su maleta y continuó caminando. Pero no pasaron ni dos minutos cuando otra vez tuvo que detenerse. En su bolsillo, la melodía de "Para Elisa" hacía que su teléfono celular sonara enloquecido.
-Hola –dijo perdiendo la paciencia.
-¡Midori ¿dónde estás?!
-Ah, Jeremy...
-¡Sí, soy yo! ¿Dónde estás?
-¿Acaso lo olvidaste? Te dije que hoy partiría a Londres.
-¿Queeé? –tuvo que alejar el teléfono de su oído para no quedar sorda -¿Qué te pasa? ¡Te dije que no hicieras eso!
-Y yo te dije que lo haría. Jeremy, sabes que esto es muy importante para mí y...
-¡Estás loca!
Cansada, cortó la comunicación y luego apagó el teléfono.
Jeremy era, desde hacía casi cinco meses, su novio. Pese al poco tiempo que llevaban juntos, ya estaban hartos de las peleas que tenían casi a diario. Digamos que no eran la típica parejita de adolescentes enamorados y endulzados. Él tenía un humor cambiante que hacía que Modori se cansara.
Al fin llegó al centro del pueblo. Caminar unas pocas calles mas fue lo que le costó llegar hasta la estación de autobús.
-Buenas tardes, un boleto a Londres. El mas barato.
Sin siquiera responder a su saludo, el empleado le extendió el boleto y tomó el dinero.
-Saldrá a las 17:07 hs. –fue lo único que le dijo.
Midori agradeció y miró su reloj pulsera. Faltaba mas de media hora. Se sentó en una fría banca, y metió las manos en los bolsillos. Ya tenía hambre y le gustaba la idea de tomarse aunque sea un café bien caliente, pero no podía darse ese lujo. El dinero que llevaba era el justo y necesario.
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Mi abuelo es un beatle
Humor¿Qué pasaría si las historias que te contó tu abuela resultaran ciertas? ¿Qué pasaria si, de un día para otro, descubrieras que el abuelo que nunca tuviste es un beatle, pero no sabes cuál es?
