Corría el año 64 y la popularidad de los Beatles asustaba hasta a su mánager, Brian, quien siempre se había preocupado de cuidar a los cuatro chicos de Liverpool, quienes sólo se preocupaban por lo que les interesaba.
Si bien es cierto que ellos eran populares, su música sonaba en todas partes. Una fiesta no era una fiesta sin tener buena música, y la buena música los incluía a ellos. Por supuesto, había muchas personas que no sabían de la existencia de John, Paul, George y Ringo, y había otras tantas que no comprendían tanta conmoción por una banda de música.
Brian les aconsejó mudarse de Liverpool a Londres, al menos por unos meses, mientras preparaban las giras que debían realizar.
Claro que ellos no querían vivir lejos los unos de los otros. Así, compraron cuatro casas juntas en un conocido barrio de Londres, y en menos de una semana, habían derribado los tabiques entre las cuatro casas, quedando una mucho más amplia. Lo reamueblaron todo y lo pusieron tal y como ellos querían que estuviese. Mantuvieron las cuatro puertas de las cuatro casas originales, para no levantar sospechas y mantener alejados a los curiosos.
John estaba en su parte de la casa, donde tenía todas sus cosas, y su cama, que se hallaba metida en un hueco en el suelo que hicieron sólo y exclusivamente porque a él se le antojó tener la cama ahí. Ringo y George estaban en la cocina, haciéndose de comer.
- Deja de comer - bufó Paul, cuando George anunciaba que tenía hambre. De nuevo.
- ¿Qué? Apenas comí esta mañana y ya casi es mediodía - repuso George, con las risas de Ringo detrás.
- Es como hablar con la pared - dijo John, sin apartar la vista del libro que tenía entre manos.
- En serio, John - dijo Paul, mirándolo -, ¿por qué la cama en el suelo?
- Paulie, hay muchas cosas que aún no entiendes - contestó John, sonriendo.
- Dulce e inocente Paulie - tarareó Ringo, llegando a donde estaban éstos.
Paul hizo una mueca y John dejó el libro, mirándolo.
- El bebé Paulie se enfadó - rió, y Paul giró la silla donde estaba sentado, dándole la espalda a John.
- George es más pequeño que yo - bufó, mientras Ringo le removía el pelo.
- No te enfades Paulie, sabes que es una broma - rió éste.
- Ah, son como niños - murmuró.
John cogió la guitarra y se acercó a Paul, mientras cantaba If I Fell, recreando un poco la escena que acaban de grabar en la película A Hard Day's Night, donde John le hacía lo mismo a Ringo.
- A mí no me ganas así - murmuró Paul.
- Eso ya lo veremos - articuló John, serio.
Paul se sintió incómodo de repente, y optó por ir a ver a dónde se había metido George.
- Enfadaste a Paul - comentó Ringo, tumbándose en el sofá.
- Se le pasará - contestó John, volviéndose a su cama.
Paul se sentía raro después de la mirada que John le echó mientras decía "eso ya lo veremos". Era una mirada que lo inquietaba, y no sabía por qué.
Pero no había tiempo para eso. Al día siguiente tenían una presentación en vivo, y tenía que estar serenando la mente y afinando su bajo, aunque sabía que no necesitaba hacer nada de eso. Sabía que sin tener necesidad de ensayar antes, lo harían bien.
- Hey, Paul. ¿Ya te vas a ir a dormir? - preguntó George, devorando su sándwich.
- Esa es mi intención - aclaró Paul, abriendo las sábanas para meterse dentro.
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