8. Reencuentro.

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Un mes después.
Hoy decidí salir a dar un paseo. Ya se me notaba más el embarazo y muchas personas me preguntaron si me podían ayudar. Les dije que estaba bien y que aquello no haría falta. Habíamos decidido ponerle a la niña Kendall. Era un nombre muy hermoso. Todavía no sabemos cómo ponerle al niño. Era un poco más difícil encontrar uno bonito. Fui al parque y vi los columpios. Y me senté. Y logré no llorar. De hecho, ni siquiera tenía ganas de llorar. Estaba muy feliz como para hacerlo. Pero de repente me volteé y...
-Hola Maya.
Me quedé muda por unos instantes. Nos observamos mutuamente hasta que pude decir algo. Tragué saliva.
-Hola... Ben.
Nada más me examinó y su mirada se fijó en mi panza.
-Em... Estas... Embarazada-dijo atónito.
-Algo así-dije.
No sabía si esto era un sueño o estaba pasando en realidad.
-Tanto tiempo, eh?
No podía creerlo. Era el.
-Si, eso creo.
Me paré de los columpios. Nos abrazamos y Ben me apretó con tanta fuerza que no pude respirar. Me soltó justo antes de que yo perdiera por completo la respiración. Inhale y exhalé unas grandes bocanadas de aire.
-Lo siento-me dijo.
-Descuida.
-Entonces... ¿Estás casada?
-Todavía no-le enseñé mi anillo de compromiso.
-Estoy feliz por ti. ¿No pensabas invitarme a la boda?
-Eh, la verdad... No pensé que te volvería a ver.
Sonrió.
-Pues aquí me tienes-se señaló de pies a cabeza-A su completa disposición, milady-dijo haciendo una reverencia.
Reí y el también.
-Bueno, lo consultaré con mi prometido.
-Si, quien es?
-Se llama Alexander Roberts.
-Oh-dijo y volvió a posar si mirada en mi panza-¿Y quién es este pequeño feto?
Reí otra vez.
-Son gemelos. Niño y niña.
Se quedó atónito otra vez y luego dijo:
-Buenas tardes Sr. y Sra. Roberts Anderson, como les va?
Reímos los dos al mismo tiempo. Platicamos un rato acerca de nuestras vidas y luego me dijo que si me podía volver a ver. Quedamos de vernos en una semana. Pero no estoy muy segura sobre decirle a Alexander si Ben puede ir a la boda. Le conté de él pero ni siquiera le dije su nombre. Creo que no debería decirle...

MayaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora