Un chico estudioso, tiene un examen en unos minutos, se lo sabe todo perfectamente, pero desconfía de sí mismo. Coge el folio y a primera vista piensa que no sabe nada, pero sería capaz de contestar a todo. (Deja la primera pregunta en blanco porque no te la sabes, pasa a la siguiente). El chico se pone nervioso. (Sólo contestarás la mitad de la segunda pregunta, no te acuerdas de nada). El chico escribe un poco y lo tacha, escribe otras dos palabras y las tacha. Está angustiado. (La pregunta tres es fácil, pero no te salen las palabras). El chico tiene toda la información en su mente, pero yo le bloqueo los pensamientos. (Respira hondo, contesta a las siguientes preguntas perfectamente, hasta la última, déjala en blanco e inmediatamente entrega el examen). El chico corre hacia el baño y se esconde para llorar. (Desahógate, vomita).
Esta experiencia me ha hecho sentir un poco de pena hacia este individuo, lo cual no es buena señal si quiero llegar a ser un componente del grupo oscuridad. Tengo que seguir practicando, volverme lo bastante valiente como para provocar una muerte o una depresión. Tengo que ser capaz de ver sufrir a un humano sin sentir nada.
Chica joven, interesada en el juego, bastante atractiva. Su sueño es ganar dinero jugando en los casinos, en especial, jugando al póker. Llega a la mesa, observa a sus contrincantes, todos mayores que ella. Se asusta. (No puedes ganarles, es imposible, son demasiado buenos). Diez de picas y jota de picas, sus cartas de la suerte. Alguien ha apostado cincuenta. ¿Debería igualar y seguir jugando? (No te arriesgues, cincuenta es demasiado y los perderás). La chica no juega esa mano, pero si la hubiera jugado, habría ganado con un full house: tres jotas y dos diez. La chica se siente enfadada. Segunda mano: dos de corazones y reina de picas. Esta vez la apuesta sube más, setenta y cinco. (Juega esta mano, puede ser que te pase como antes). La chica iguala, pero alguien sube la apuesta, doscientos. (Iguala). Las cartas en la mesa son as de picas, cuatro de corazones y cinco de corazones. Alguien apuesta veinte. (Iguala, con mucha suerte puedes llegar a tener escalera). Nueva carta: tres de corazones. (Apuesta cincuenta, un seis y ganarás). Nueva carta: seis de corazones. (Apuesta todo). Otra persona también apuesta todo. Cartas arriba: la persona que también apostó todo tenía escalera de color. La chica ha perdido todo su dinero. Siente vergüenza y furia, así que se levanta de la mesa y cabizbaja se marcha a su casa. (Nunca más volverás a jugar al póker).
Por si no fuera poco que influimos en las decisiones de los humanos y los controlamos como a muñecos de trapo, también sabemos lo que les puede pasar según la decisión que tomen. Sí, yo sabía perfectamente que su escalera no iba a ganar, pero hay que tomar riesgos.
A veces, también somos capaces de controlar a las personas de alrededor, por eso el crupier sacó las cartas que necesitaba. Hay una cosa que a nosotros nos molesta muchísimo, no sabemos por qué, simplemente nos molesta: cuando estamos controlando la mente de alguien y otro humano dice lo mismo que mandamos decir al humano que estamos controlando, es odioso, y encima ellos dicen: "¡tenemos las mentes conectadas!". Son un poco patéticos.
Debo admitir que más de una vez he hecho cosas buenas por los humanos, pero por aquellos que no tomaban por sentado que hay un "dios", una "mente", un "universo", un "karma"... Sino por aquellos que no creen en nada o que creen en "algo", pero no sabrían definir qué. Por ejemplo:
Una chica que intenta impresionar al chico que le gusta jugando su deporte favorito: el baloncesto. La chica es bastante mala jugadora, pero antes de empezar a jugar habló conmigo, es decir, no directamente, pero pude sentir su deseo desesperado, ella sólo quería impresionarle en ese partido y volver a su vida normal una vez acabado. La chica pide la pelota desesperadamente y nadie le hace caso. (Quita la pelota al chico de dos metros del peto amarillo). Nadie se explica cómo, pero esa chica le quitó la pelota al grandullón. (Corre hacia la canasta, salta lo más alto que puedas y encesta). Repitiendo esa jugada un par de veces consiguieron ganar el partido.
Obviamente, yo no podía dejar esto así, me quitaba muchos puntos para entrar en el grupo oscuro.
Todo el mundo le daba la enhorabuena y ella se sentía orgullosa, pero ese chico al que intentaba impresionar, no lo impresionó, es más, a él lo impresionó la animadora que apoyaba al equipo contrario. La chica se sentía fatal. (Coge la pelota de baloncesto y tírala a la cara del chico, después, sal del gimnasio corriendo).
Todo había sido obra mía, el chico sí que se quedó impresionado por la increíble jugada de la chica, pero no todo puede ser un cuento de hadas.
