Capítulo 3

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Veo a Maggie trazando círculos imaginarios en la mesa redonda. Alza la vista y se queda boquiabierta al ver que llevo las manos vacías.

- Pero... Pero... ¿Cómo...? ¿¡Has hecho la cola para nada!? - pregunta finalmente, señalando la cola con la mano izquierda.

- Sí, bueno... Es una larga historia... - contesto cabizbaja - ¿Nos podemos ir? - le digo juntando las manos en modo de suplico.

Asiente con la cara confusa y el ceño fruncido. Coge su bolso, su chaqueta, seguidamente con las llaves del coche, y nos dirigimos hacia la puerta. Donde cuelga en la parte superior, una campana diminuta, vieja y desgastada.

Miro de reojo, cómo el chico de pelo carbón me clava la mirada en la nuca, mientras sigo a Maggie pisándola por los talones. Dejando tras de sí, un portazo suave, indicando el sonido de la campana de que me he ido...

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- ¿¡A qué ha venido eso!? - interroga mi hermana, rompiendo el silencio.

- ¿¡El qué!?

- ¡¡Lo de irnos tan rápido!! Ni si quiera has pedido algo para llevar. Me ruge el estómago...

- ¡Bueno pues habérselo pedido tú a la camarera, si veías que tardaba mucho! Y a más, ¿¡no has visto mi numerito con lo del café!?

Me examina de arriba abajo, y se queda anonada cuando me ve la blusa manchada.

- ¡¡Wooow Mac!! ¿¡Pero qué te ha pasado!? - me pregunta, mientras conduce y desvía la mirada hacia mi.

Agacho la cabeza, ante la tardanza en preguntarme qué ha pasado. ¿¡Ahora me lo dice!? Se nota que está más pendiente por otras cosas... Bueno, y a veces Maggie es muy cortita...

- ¡Me sorprende que no lo hayas visto! Todo el mundo se me ha quedado mirando... - cojo aire, y empiezo a explicar todo lo sucedido - Bueno, yo estaba haciendo cola, y delante tenía a un chico; más alto que yo, con el pelo oscuro, y con piercings. Se gira para volver a su mesa, una vez que ya ha terminado de pedir, y accidentalmente o adrede su café se derrama en mi blusa - Maggie asiente, pero me mira con el ceño fruncido - Y lo peor de todo no es eso, si no que no me ha pedido disculpas, y se ha ido mofándose de mí... - suspiro, y Maggie me mira con cara confusa.

- ¿El chico se llama Will? - Comenta de imprevisto.

- No, bueno no lo sé. Pero, pero... ¿¡Tú lo conoces!? - pregunto sorprendida, llevándome la mano a la frente.

- Emm... ¿Hola? ¿¡En qué mundo vives Macallan!? - A veces odio que me digan mi nombre completo... - Pues claro que lo conozco. Bueno, no he hablado con él. Sólo sé que es el batería de un grupo de Portland.

- Ahh vale, genial - musito con una voz irónica. - Pues el "rei" de Portland me ha puesto en ridículo - Maggie suelta una carcajada de sus labios. - No tiene gracia Maggie. Mi primer día no puede ir más mal... - pero suelto una carcajada no prevista, que retumba el todoterreno.

Bueno... ¿Hay que sacar el lado bueno de las cosas, no?

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- ¡Ya estamos aquí! - espeta Maggie, pero su mirada se siente atraída por la nevera.

Las dos nos acercamos a la cocina, y una nota resulta enganchada en el electrodoméstico.

Estoy en el supermercado haciendo la compra. - La mama Meli

El arte de ser  NORMALDonde viven las historias. Descúbrelo ahora