La incredulidad nos envolvió como un manto helado al descubrir que habíamos llegado demasiado tarde. El peso de la realidad cayó sobre nosotros con brutalidad, aplastando cualquier esperanza que aún pudiera quedar en nuestros corazones.
Por un instante, nadie respiró.
Nadie habló.
Nadie se movió.
Fuimos cuatro gigantes alados sumidos en el silencio... rotos de una manera que ni los milenios habían logrado quebrarnos jamás.
Habíamos dejado a nuestra pequeña compañera sola por demasiado tiempo.
Sola en un mundo cruel.
Sola, enfrentando un destino que jamás debió soportar sin nosotros.
La noticia de su muerte nos atravesó como una lanza ardiente. No fue solo un golpe emocional: fue una herida que se abrió desde el pecho y nos atravesó hasta la sombra misma del alma.
Lloramos su partida durante días enteros.
Días que para los humanos habrían sido noches infinitas.
Días que para nosotros, inmortales, se sintieron como siglos de tormento.
Cada lágrima que caía sobre la tierra humana era un recordatorio del amor que le teníamos... y del fracaso que nos perseguiría para siempre.
Nos sentíamos responsables, indignos de nuestro título de guardianes.
El corazón se nos rompió en pedazos al comprender que ella había enfrentado su final en absoluta soledad.
Ni una mano amiga.
Ni una palabra de consuelo.
Ni una sonrisa.
Solo frío.
Solo silencio.
Solo tristeza.
Y mientras contemplábamos su pequeño cuerpo sin vida, la culpa se desbordó como un río imposible de contener.
Fuimos nosotros quienes no la alcanzamos a tiempo.
Fuimos nosotros quienes fallamos.
Fue entonces cuando tomamos una decisión, una promesa que sellamos con la firmeza de un juramento.
Una promesa férrea.
Irrompible.
Forjada con lágrimas y fuego.
No importaba cuántas vidas pasáramos, no importaba cuánto tiempo nos llevara, buscaríamos incansablemente su presencia en cada existencia que atravesáramos. Su último deseo, su anhelo de volver a encontrarnos, nos guiaba como una luz en la oscuridad. A pesar de la tristeza que nos envolvía, nos aferramos a la esperanza de que algún día, en algún rincón del tiempo y el espacio, estaríamos juntos nuevamente.
Esa decisión se convirtió en un faro que iluminó nuestro camino, una promesa que nos impulsó a seguir adelante incluso cuando el dolor amenazaba con abrumarnos. Aún puedo recordar con claridad cómo llegamos a esa determinación, cómo cada uno de nosotros se comprometió a buscarla en cada vida que viviéramos.
flash back
Nosotros, los dragones, nos encontrábamos reunidos en el cielo, observando con miradas atentas a nuestra pequeña amiga mientras descendía hacia la tierra. Era un momento lleno de emotividad y dolor, pues sabíamos que su elección la llevaría lejos de nosotros. A pesar de la tristeza que nos embargaba, respetamos su decisión y seguimos vigilando desde lo alto, como guardianes invisibles dispuestos a cuidarla y protegerla en la distancia.
Nosotros, los dragones, nos encontrábamos reunidos en el cielo más alto, mirando hacia la Tierra como custodios eternos. Desde lo alto, observamos a nuestra pequeña Rosa descender hacia el mundo humano.
Ella era un destello rosado entre nubes grises, una chispa de vida que dejaba tras de sí un aroma a magia antigua. Vimos cómo dejaba atrás nuestro reino celestial para acompañar a su hermano en su aventura en el mundo humano. Aunque su decisión nos causaba pesar, admirábamos su valentía y su determinación. Sabíamos que no sería un camino fácil, pero ella avanzaba con una tenacidad admirable, enfrentando cada desafío con coraje y resiliencia.
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La Historia Perdida
FanfictionQue sucedería si el rey dragón tuviera una hermana y su historia se entrelaza con la reencarnación de su hermano. En esta historia unos de los dragones de la protagonista seran dioses de kamigami no asobi
