Capítulo 4. Instituto.

21.9K 1.9K 1.1K
                                        

 - ¿Y qué coño querían que haga? ¿Qué me siente a esperar a la rubia esa y cuando regrese, le diga "¿hola zorrita, estoy esperando mi desayuno"?

El reloj marcaba las seis de la tarde. Liam rompió en carcajadas, mientras estrellaba su palma sobre la mesa de la cafetería y llamaba así la atención de montón de estudiantes que se hallaban con un cappuccino en sus manos, intentando tomar un maldito café antes de entrar a clases. Harry esbozó una media sonrisa con aires altaneros, mientras se acariciaba el labio con el pulgar derecho.

- No me jodas, loco. Tampoco es que deberías hacer eso, sino que solo debiste esperar y preguntarle con quién tuviste la bronca y por qué terminaste así.

- Me vale diablos con quién me he golpeado. Ya estoy acostumbrado, Niall.

- Yo opino que deberías dejar de acostarte con la primera que se te cruza. Tienes suerte que esta haya sido la capitana del instituto, pero... ¿y si la próxima es una captura órganos?

Y entonces, todos los ojos se centraron en Zayn Malik.

- ¡No me cabrees, Zayn! – Soltó Harry, chasqueando los dedos violentamente sobre su rostro - ¿Qué tienes últimamente, carajo? ¿Estás en tus días o te has fumado más de lo necesario?

- Lo que pasa es que el muchacho está estresado – comentó Niall, riéndose a sus anchas.

Zayn se limitó a colocar una sonrisa patética en su rostro y rodar los ojos, alejando con fuerza las manos de Harry sobre su rostro, mientras se bebía de un solo trago todo el café que tenía en las manos y se disponía a hablar.

- No es eso, solo estaba siendo sincero, pero mejor hablemos sobre Niall... el tío tiene una historia que contarnos, ¿o no?

Las carcajadas reventaron nuevamente. Harry frunció rápidamente el ceño, echándoles una confusa mirada a todos, mientras se recostaba plenamente sobre el respaldar del asiento de la cafetería y le guiñaba el ojo a una de las empleadas.

- Nada, todos ya lo saben, es sobre Bárbara... me he dado cuenta que si sigo intentando tirármela después de darle tragos en las fiestas o cosas así, no va a funcionar, así que he pensado en que fingiré un momento estar enamorado de ella y tener una relación formal... tíos, no me vean así, joder, ¡solo será hasta tirármela!

Harry se mordió el pulgar, mientras lo quedaba mirando de una manera un tanto sorprendida y cabreada. ¿Qué carajos? ¿Una relación formal? ¿Niall Horan quería tener una relación formal con la zorra esa de Bárbara? Soltó una carcajada, centrando su entretenida mirada en el pedazo de imbécil que tenía como amigo.

- ¿Qué? ¿Ya te cagaste las neuronas por ella, rubia? ¿Cómo mierda quieres tener una relación formal con alguien? ¿Estás de broma o qué? ¡Es una ley de este puto grupo, tío! ¡No relaciones formales ni nada de esa mierda!

- No es eso, solo será simulado hasta que me la tire...

El timbre se apresuró a sonar y todos se levantaron al mismo tiempo. Harry se mordió el labio, aún sonriendo de forma sarcástica, mientras se colgaba la chaqueta negra en el hombro y sacando un cigarrillo de su bolsillo. Notó cómo los demás le miraban, expectantes, a excepción de Niall, que estaba muy jodido como para abrir la boca.

- ¿No te vas a quedar a clases?

- Ni loco, me duele todo el puto cuerpo y quiero cerrar los ojos hasta mañana.

- Está bien, pero si te vas a celebrar sin nosotros...

Harry caminó hacia las puertas de la cafetería, esbozando una media sonrisa.


- Joder, Liam, no pienso celebrar nada hoy, pero si es que celebran la nueva relación del tío este, me das un timbrazo, ¿quieres?

El otro asintió con la cabeza, mientras se reía como si todo marchase perfecto y se volvía con los demás. Había sido un día de mierda. No había tenido suficiente con amanecer esa misma mañana con el cuerpo molido sin la rubia con la que se había echado el polvo, sino que ahora se encontraba con que el imbécil de Niall... ¡quería empezar una relación formal! Se carcajeó un tanto, metiéndose en su deportivo y encendiendo la radio a todo volumen. Si quería tirársela, simplemente era cuestión de invitarle un trago o flirtear unos cuarenta segundos, pero intentar tener una relación con ella, ¡era una verdadera putada!

- Y quién sabe si yo ya me he follado a la tal Bárbara y no recuerdo – comentó, soltando otra carcajada, mientras expulsaba el humo de su cigarrillo.

Había sido una pésima idea visitar el instituto. Simplemente debió colarse en algún pub y madrugar ahí, así como acostumbraba a hacerlo casi todos los días. Se toqueteó el labio, girando el auto hacia la izquierda, mientras miraba el reloj de reojo y pensaba si aún tenía tiempo como para meterse en el pub de siempre. Quizá, luego de ir a su casa y tragarse todo lo que haya en la cocina, podía ir satisfecho a buscar bebida y sexo.

Oh, joder, bebida y sexo.

Estacionó el vehículo de golpe frente a la enorme mansión y se metió enseguida en su sala, encontrándose con las luces encendidas y una soledad endemoniada encima. Tampoco había nadie en la cocina y mucho menos en los pasadizos, ¿dónde carajos estaban todos? Pateó una lata que se atravesó en su camino y quiso dar algunos pasos más, pero algo se lanzó con fuerza sobre su cuerpo, cayendo sobre él de inmediato.

- ¡Por mi putísima tía! – exclamó, dando manotazos violentos en el aire y sacando el peso de su cuerpo - ¡¿Qué es esto?!

El peso extraño cayó de golpe sobre el suelo, soltando un resonante maullido. Harry ladeó la cabeza con los ojos incrédulos y asqueados sobre el suelo. Peludo, amarillo, con una larga cola y bigotes en la boca. ¡Había un maldito bicho en su casa!

- Mira lo que has hecho con mi camiseta, pequeña mierda, ¿acaso tú la vas a pagar, eh? – soltó, sacudiéndose la camisa a cuadros abierta sobre su camiseta blanca - ¡Hasta mis pantalones los has estropeado, imbécil! ¿Quién te ha traído acá? Ahora mismo vas a ver lo que le sucede a los bichos que se meten conmigo...

Se apresuró a intentar mandarle una patada, pero su teléfono vibró en su bolsillo y no le quedó más remedio que responder y apuntar con el dedo índice al animal, que continuaba maullando y moviendo la cola. Puto gato de alcantarilla. Le sorprendió escuchar una patética voz, que aseguraba ser la rubia que se había acostado con él la noche anterior.

-¿Ah, eras tú? Escúchame, preciosa, no quiero verte de nuevo. Hoy amanecí con el cuerpo fusilado en tu cama, ¿tienes idea del porqué?

Chasqueó los dedos con brusquedad, gruñendo hacia el bicho enorme que aún continuaba frente a sus ojos, mostrándole sus filudos dientes. Presionó el móvil contra su oído.

-Entonces, ¿me golpeé con un idiota que metió su carro antes que el mío? Ah, yo que pensé que eras una sadomasoquista que me había violado salvajemente.

Se inclinó, recogió la lata y la lanzó con toda su rabia contra el animal, enseñándole el dedo medio, como si este le entendiera. Apenas lo alcanzase, lo iba a destripar.

-No estoy bromeando, zorrita, pensé que te gustaba jugar con el látigo sobre mi espalda, que te gustaba jugar duro, pero ya que dices que no fue así, te creo, preciosa.

Se abalanzó sobre el bicho y lo cogió de la cola, empuñándosela con arrebato y sacudiéndolo en el aire con una mueca triunfante en el rostro. Estuvo al borde de estrellarlo contra la pared, pero su precioso criado apareció frente a sus ojos, con una escoba en la mano y su rostro transformándose de inmediato al notar sus intenciones con el gato. Soltó la escoba, aterrorizado.  

Inocencia Pasional; larry stylinson |adaptación|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora