No Lo Repetiré

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ADVERTENCIA: Contenido Violento

No Lo Repetiré

  Intento ahogar mis sollozos con la almohada. Mi gato ronronea a mi costado para intentar consolarme. Los gritos de mis padres provenientes de la sala hacen eco en mi cabeza.

  Palabras de odio, palabras de tristeza, palabras de vergüenza. Pensar que de esas bocas salían cosas preciosas dirigidas a mí, ahora salen palabras de desagrado.

  La oscuridad de mi habitación me consume. Recuerdos de llantos a media noche por pesadillas o por la misma oscuridad me consumen. Mis padres siempre venían a socorrerme.

  Por más que llore ahora, ellos ya no me prestarán atención. Ya no tengo cinco, ni seis, ni siete años. Con solo tener dieciséis y ya no les importo tanto.

  Especialmente cuando este matrimonio se está yendo a la ruina.

[...]

—Ya he regresado— digo al entrar a la casa.

  Nadie me responde.

  Camino hacia mi cuarto y dejo mi mochila y mis llaves. Me quito el uniforme del colegio y me pongo mi pijama.

  Me dirijo hacia la lavandería cuando mis ojos se enfocan en un pedazo de papel en la mesa del comedor.

  Agarro la hoja y la leo rápidamente. Siento mis ojos acuosos y un golpe en las rodillas, me he caído al piso.

  Es una carta formal de divorcio.

[...]

  Lloro en el hombro de mi psicólogo. Le he contado todo. Todo mi sufrimiento, los problemas de mi entorno.

  Pobre de él. Debe de estar harto de mí. Solo tener veinte y estar escuchando problemas de otros. Aguantarse la asquerosidad de que mojen su camisa con agua salada. Yo odiaría este trabajo.

—Tiene que tranquilizarte Catalina— me repite por quinta vez Farid. Mis lágrimas no paran de salir.

  Me separo de él y me limpio con mis manos y mi ropa. Toda una dama, lo sé.

  No puedo parar de llorar. Solo recordar los gritos de mis padres y ahora esa carta, me hace llorar más.

  Siento un suspiro de frustración y unas palabras, que no logro escuchar. Mis oídos se han tapado.

  De repente, siento mis manos ser atrapadas por unas un poco más grandes. Veo a Farid acercar su rostro al mío ¿Qué intenta hacer?

  Siento sus labios posar sobre los míos. Él los mueve lentamente, yo me dejo llevar. Mi corazón late rápidamente y me cuesta respirar, mi nariz está tapada por los mocos.

  Se separa de mí y sus ojos me muestran calidez y confianza.

—Ya te calmaste— me pasa una caja de pañuelos desechables para que me limpie.

  ¿Ese es un método para tranquilizar pacientes? ¿Por qué siento un apretón en mi estómago? ¿Por qué mi corazón late muy rápido? Debería ir al médico.

[...]

  Mi madre se ríe escandalosamente. Ha de ser por la culpa del vino. El señor, si mal no recuerdo se llama Alexander, la mira con preocupación y con algo maldad.

—¿No deberías llevarla a su habitación? No es muy tolerante al alcohol y puede ponerse peor— me dice ese señor. Tiene algo de razón. No quiero estar a cargo de una mujer en estado etílico.

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