5.- Imposibilidades y canciones

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Desperté con un sobresalto. A mi lado, Sofía descansaba plácidamente en la almohada, su cabello era un nido de pájaros.
Sonreí.
Entonces la cabeza empezó a darme vueltas y a palpitarme demasiado. Cerré los ojos con fuerza.
Anoche tomé más de la cuenta. Pero lo recuerdo todo perfectamente.
-¿Cuándo fue la última vez que saliste de fiesta así? -preguntó Sofía mientras barajaba las cartas.
Habíamos comenzado un juego que acabábamos de inventar: se llama "la última vez", y consiste en hacer preguntas sobre cuándo fue la última vez que hicimos algo.
-Creo que desde poco después de graduarnos -contesté tomando un trago de cerveza. Mordí mi sándwich de queso.
-¿En serio? -dijo Alex mirándome ceñudo. Asentí.
-¿Tu? -preguntó Sofía alzando la barbilla en dirección de Alex.
-Oh, hace como -se rascó la nuca con una mueca en la cara- mes y medio.
Tosí con fuerza para evitar ahogarme cuando dijo eso.
-¿En serio?
-¿Olvidas que estudié para ser cantante? -me lanzó una sonrisa fanfarrona.
Sofía ladeó la cabeza como un pájaro, curiosa.
-Yo no lo sabía.
-Ah, lo que sí olvidé fue mencionarlo.
Solté una risita entre dientes mirando mis cartas.

Mi teléfono sonó, haciéndome pegar un respingo. Moví la mano palpeando en la mesita de noche buscando el celular.
-¿Hola? -dije al encontrarlo. Apreté con los dedos el puente de la nariz intentando en vano quitar el dolor de cabeza.
-Brina, ¿dónde demonios estás? -preguntó en un susurro amenazador mi padre desde el otro lado de la línea.
-¿En casa? -pretendía afirmarlo, pero sonó más una pregunta que una afirmación.
-Sí, creo que ya lo noté -dijo con sarcasmo-. Ahora, muévete y ven ya.
De repente, TODO volvió a mí de sopetón: la muerte de mi madre, mi tristeza y el sentimiento de vacío.
Tragué saliva.
-Claro.
Colgué. Me entraron ganas de llorar. Era una idiota. Acababa de morir mi madre y yo se podría decir que celebré.
No me preocupaba en absoluto estar vestida sólo con sostén al lado de Sofi, después de todo es mi mejor amiga, casi mi hermana. Sin embargo, no estaba preparada para que Alex abriera la puerta en ese mismo instante.
-Brina, me preguntaba...
Comencé a gritar como loca cubriéndome con la sábana lo mejor que pude. Alex reparó en mi poca vestimenta y también empezó a gritar. Sobresaltada, Sofía se unió al griterío levantando sólo la cabeza. Rodrigo gritó desde la sala y todo mi departamento se llenó de gritos y sonidos. Tenía que hacer algo. Pero a mi actual estado de ánimo sólo se le ocurrió echarse a llorar patéticamente, sacudiendo los hombros y bajando la cabeza. Sofía, abriendo un ojo, me miró.
-Lo siento -murmuró. Se levantó pesandamente levantando primero el trasero y luego su torso. Alex seguía en la puerta un poco petrificado; Sofía lo vio y en seguida me aventó una chaqueta. Me la puse temblando.
No podía respirar. Estaba segura de que me veía horriblemente patética.
Sofía gateó sobre la cama hasta mí y me abrazó. Me dejé caer en ella, otra vez. Sentía como si cada gota salada que componía mi ser estuviera cayendo en ese mismo momento. Dolía.
Alex, vacilante, se acercó a nosotras y apoyó una mano en mi hombro torpemente. Ese simple gesto me recordó tanto a mi madre que otro torrente de sollozos saliera de lo más profundo de mi estómago.

Alex
Era extraño y desconcertante ver llorar tanto a Brina. Es decir, ella parecía la chica más fuerte que jamás he conocido. Pero tenía razones para estar así de triste. Lo comprendía. Cuando mi padre murió, me encerré en mi cuarto por meses hasta que tuve el valor suficiente para enfrentarme al mundo gris que él dejó atrás.
-No llores, cariño -murmuró Sofía pegada a su cabeza. También ella lloraba en silencio.
Me sentía incómodo, hasta cierto punto.
-Eh... -dudé-. Escucha, Brina -levantó la cabeza temblorosamente. En sus ojos había un atisbo de... esperanza-. Te entiendo perfectamente. Y sé que duele. Pero pasará. Y yo... nosotros- hice un gesto abarcando a Sofía, la sala, donde estaba Rodrigo, y a mí- estamos aquí para ti.
Fue como si la dejara helada: no respiró, no se movió.
Entonces, se lanzó a mis brazos y lloró.

La Chica Rara De Al LadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora