Capítulo 2

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- ¿Alteza?

La tripulación de su jet privado era pequeña, pero muy eficiente: dos pilotos y una azafata nueva que aún estaba emocionada por tener el honor de trabajar para el príncipe de China.

- Si, señorita Gong?

- Llámame MinJi,señor. Vamos a tomar tierra en una hora.

- Gracias - respondió él, cordialmente.

- ¿Puedo ayudarle en algo, señor?

¡Ayudarle! Podría ella hacer retroceder el tiempo para hacer que su hermano siguiese con su vida.

Podría retrotraer a SeHun a sus años de infancia, cuando era un chico alegre y desenfadado.

- Gracias, estoy bien, no necesitó nada.

- Muy bien, Alteza. Si cambia de opinión...

- No se preocupe, la llamaré.

- Como usted diga, Alteza - dijo la mujer con una pequeña reverencia ligera y desapareció por el pasillo.

YiFan sonrió levemente.

Tendría que recordarle a su jefe de protocolo que la tradición de inclinar la cabeza al paso de un miembro de la realeza había quedado en desuso desde hacia ya muchos años en su país.

Se arellano en el asiento. Después de todo, la mujer solo estaba haciendo lo que consideraba su deber. El mejor que nadie lo comprendía. Había sido educado para cumplir con su deber. Era algo que tanto su padre como madre le habían inculcado desde la infancia.

Su padre había sido y seguía siendo un hombre severo. Primero emperador y luego padre. Su madre había sido una luchadora por los ideales femeninos. Mujer de gran belleza y modales refinados, había decidido en los últimos años llevar una vida alejada de su marido y de sus hijos.

YiFan recordaba como cierta ocasión, de niño, se había agarrado a la mano de su niñera, conteniendo las lágrimas, por que se suponía que un príncipe no debía de llorar, mientras veía a su bella madre marcharse del palacio.

SeHun había salido enteramente a ella. Alto,rubio y con los ojos oscuros pero atrayentes.

Él, por el contrario, tenía los ojos de un tono gris frío, mezcla de los ojos azules de su madre y de los castaños oscuro de su padre. Tenia los mismos pómulos prominentes y la boca perfilada de su madre, y la complexión atlética y musculosa de su padre.

SeHun había salido a ella no solo físicamente, aunque no había llegado a odiar a China como ella, había preferido irse también a vivir a lugares con mas lujos y comodidades.

Él en cambio había amado siempre su país. Se había criado en el palacio de su padre, teniendo por amigos a su hermano SeHun y a los hijos de los ministros de su país.

A los 7 años ya sabía montar a caballo sin silla, hacer fuego frotando una rama seca con una piedra de sílex.

De eso hacia ya veinticinco años.

¿Qué le habría llevado a su hermano a tomar aquel rumbo en la vida? ¿Tal vez el saber que él no reinaría nunca? ¿O habría sido la muerte de su madre que provocó a su padre decidiera ahogar su dolor entregándose al gobierno del país, alejándose de sus hijos?

Los había mandado a estudiar a Estados Unidos, tal como su madre lo hubiera querido.

Ambos se habían sentido extraños en aquella cultura tan diferente de la suya. Habían sentido nostalgia de su país, cada uno por razones diferentes.

El Emperador Despiadado (TaoRis) [Editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora