CAPITULO [13]: El orden de las cosas

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Pasamos el resto del día deambulando por la ciudad, me sorprendía que este lugar estuviera tan ajeno a todo lo que había sucedido y continuará su normal funcionamiento. La diferencia la notábamos en las personas, caminaban sin ir realmente a ninguna parte y si no estaban en sus casas, estaban sentados en algún banquillo en las plazas que adornaban gran parte de la ciudad.

Habían pantallas led en diferentes puntos, adosados a las paredes de los edificios o en las entradas del metro subterráneo. Había publicidad de bebidas o transmitían el pronóstico del tiempo y la hora, cambiaban de información cuando era necesario y por este medio nos enteramos de a dónde ir y que hacer ahora.

La información que comenzó a circular era clara: Todos los adultos mayores de treinta años serían los primeros en pasar por las pruebas y debían dirigirse al hospital público donde serían recibidos por los médicos de la presidenta Stone.

Mañana será nuestro turno, jóvenes entre veinte y treinta años debían pasar por el mismo proceso. El tercer día serán los niños, desde recién nacidos hasta los veinte años.

La noche nos pilló en la avenida más transitada de la ciudad, camino al albergue habilitado por el gobierno local. El cielo se iluminó en un relámpago que lo inundó todo, la luz era tan brillante como el sol y solo tuvimos oportunidad de resguardarnos dentro un hall de un edificio.

—¿Que mierda ha sido eso? —Grito Andy.
—Son naves —Respondió Eliot.

Levante la vista y recién ahí mis ojos se adaptaron a la estela de luz que dejaban las naves al entrar en la atmósfera. Eran tres naves gigantes de acero puro que las hacía ver magníficas e indestructibles, tenían forma de platillo y emitían una luz tenue pero perceptible a poca distancia.

—Si estas naves son humanas de verdad déjenme decir que estoy muy impresionado —Dijo Gabriel.
—Quiero verlas por dentro, deben ser increíbles —Comentó Andy.
—Ya lo creo —Le respondí.

Todos seguíamos en medio de la avenida con la boca abierta y no dejamos el asombro hasta que el brillo desapareció entre los edificios. Tuvimos claridad de que las naves eran las encargadas de llevar a los elegidos una vez que las pantallas led se encendieron con la información.

—Tengo miedo Joe —Me dijo Andy.
—Yo también amigo, tengo miedo de que las cosas no resulten bien —Le conteste.
—Yo tengo miedo de cómo sea afuera —Me respondió.

Vi ese miedo en todos, a pesar de que ya sabía cuál sería mi fortuna estaba abrumado por pensamientos negativos sobre los demás. Podía correr y llevar a mis amigos por toda la ciudad incluso a otra pero salir de la tierra a otro planeta no estaba en mis manos y eso me mataba.

—Continuemos antes de que se haga más tarde —Dijo Eliot y todos comenzamos a andar.

Tenía el corazón perdido, no saber realmente qué pasaba con Tom me tenía mal, no sé que haría si él no pudiera ir conmigo o Carlos. Perder a cualquiera sería fatal y no sé qué hacer ni cómo reaccionar.

—Tu eres el único que tiene claro su futuro —Me dijo Evan.
—Creo que no, a diferencia de ustedes soy el único que no sabe qué hacer —Le respondí.
—Pero Joe es una oportunidad que no puedes desperdiciar, la vida te eligió y te aseguro que vayas donde vayas serás muy necesario —Me devolvió.
—No sé si quiero ser necesario en otro lugar, no sé cómo empezar de cero otra vez —Le devolví.

Caminamos entre los edificios y pantalla a pantalla nos íbamos enterando de lo que iba sucediendo, aún quedaban un par de horas de pruebas para los mayores de treinta años y las nuestras comenzaba a eso de las Díez de la mañana. Llegamos al albergue y buscamos un lugar para dormir, yo ubique un catre donde alcanzáramos a entrar con Carlitos y el sueño me venció en cuanto toque la almohada.

BUNKER: El Misterio Del Nuevo MundoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora