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Por un momento pensé que era una pluma. Bajábamos las escaleras, mas bien lo hacia Ares, yo seguía en sus brazos.

Habíamos atravesado una buena parte del castillo y no había visto ni un alma. Al principio lo atribuí a que no era el horario ideal para pasear por los pasillos, pero la sala común de Gryffindor también estaba vacía y dado que era imposible que todos estuvieran en sus habitaciones significaba que el castillo estaba vacío.

– ¿Donde están todos? – No lo miré al rostro. Por alguna razón me incomodaba la idea de estar a solas con Ares.

– Son vacaciones, seguramente con su familia sentados en la orilla de una alberca con unos cocos en...

– ¿Vacaciones? ¿Cocos?, ¡pero estamos en diciembre!

– Estamos en abril – por su expresión seguro que me tomaba por loca.

– ¿Cómo puede ser abril?, lo ultimo que recuerdo es... – mis ojos se abrieron demasiado al intentar recordar algo, pero estaba vacía, no recordaba nada, era como si a mis recuerdos les hubiera quitado los rostros y las emociones, solo recordaba cosas básicas. Recordaba la navidad, pero no recordaba cual fue mi ultimo regalo o quien me lo hizo. – Ares, – lo busque con la mirada – No recuerdo nada.

Me miró extrañado. Conforme nos acercábamos a la enfermería le contaba mi situación y cada vez que me ponía mas histérica, él me escuchaba con mayor atención, seguramente preocupado por mis facultades mentales.

Cunado llegamos a la enfermería encontramos a una chica sentada afuera, a unos metros de la entrada, seguramente esperando. Ares apenas la vió y ya parecía enojado

– ¿Qué haces aquí? – le preguntó a la chica.

– ¿Qué es eso? – respondió mirándome a mi e ignorando su pregunta.

– No es un qué, es un quién –-parecía enojado.

– ¿Y quién es?

Ares se limitó a mirarla durante unos segundos y enseguida continuó el camino hacia la enfermería. La chica se levantó rápidamente y pude verla por detrás del hombro de Ares, lucía como de mi edad con la cabellera rubia a media espalda y unos ojos de envidia color ámbar, llevaba un suéter negro con lunares blancos y unos jeans verde esmeralda con botas Ugg color rosa claro. Al ver que Ares seguía su camino sin responderle, añadió.

– No hay nadie.

– ¿Qué haces aquí? – repitió la pregunta sin darse vuelta

– ¿Quién es ella? – El ambiente era muy tenso, y no era solo por mi, era como si una aguja invisible estuviera por hacer explotar un globo.

– Una amiga. ¿Qué haces aquí? – vaya, apenas nos conocíamos y ya era su amiga, no dije nada pero me sorprendió.

– Me duele la cabeza. ¿y tú?

Ares dio media vuelta y echo a andar por el pasillo conmigo en brazos. Regresamos a la torre de Gryffindor, aun se me hacía raro encontrar los pasillos desiertos pero no lo mencioné. Atravesamos el retrato y él me depositó suavemente en el sofá mas grande y enseguida se sentó en una silla que daba la espalda a la chimenea. A pesar de la luz que le daba en la cara, el fuego de la chimenea tras él, le daba como un aura divina. Por fin pude ver bien su cara; inmediatamente sus ojos me llamaron, brillando de color ámbar irradiaban un millón de emociones y experiencias, me sentí como si yo no hubiera tenido pila y sus ojos me cargaran.

– Tendrás que esperar a que llegue la enfermera para que yo te permita apoyar el pie.

– ¿Perdón? – Me sorprendió y abrí los ojos como platos,¿A caso pensaba que haría lo que el me dijera? Obviamente no me conocía. Después de ignorarme respondió

– ¿Recuerdas a la chica con la que tuvimos la suerte de toparnos...?, pues no te la presenté en ese momento, pero... es mi hermana, Dionisia... Diony Blair, de Ravenclaw.

– Ares... Dionisia como los dioses griegos de la guerra y el vino. – no quise mencionar nada acerca de lo frío que se mostró con ella.

– Exacto, mi familia es... como decirlo sin que suene feo, con.... antecedentes mágicos... antiguos, muy antiguos.

– Sangre pura.

– Sangre pura. – afirmó – y tienen la costumbre de poner a todos sus hijos nombres griegos.

– Oh... – no vi necesario añadir nada mas.

–¿y tú? – me preguntó – ¿quién eres?¿qué haces aquí? – yo también me lo preguntaba, y realmente no tenía ni idea de las respuestas – ja – levantó la cabeza al techo y sonrió – ¿tienes tiempo? porque tengo un montón de preguntas para ti – me miró y no pude evitar contagiarme de su sonrisa, aunque rápidamente se apagó al recordar mi ignorancia.

– ¿Quién soy?, Hermione Granger, ¿Qué hago aquí? – di un largo suspiro – no tengo idea.

De repente me abrumó la realidad de la situación en la que estaba, no recordaba ni siquiera a mis padres. Dicen que todo está en el cerebro, ¡pues yo no tengo nada! No soy nadie, soy como un cuerpo sin alma, sin personalidad, no me conozco ni a mi misma.

Sin darme cuenta, las lágrimas llegaron hasta mi mejillas, ahogándome en la ignorancia. ¿Así de débil soy?

Me senté cuidando no poner peso en la rodilla lastimada, él se levantó y se sentó junto a mi a una distancia prudente pero junto a mi. Yo a él no lo conocía, sin embargo, el gesto se sintió tan bien. Deje de sentirme sola, de sentirme una extraña y solo sentí el momento. Él, yo, un sofá y lágrimas, muchas lágrimas. 

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Hermione: en el pasadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora