Capítulo 1 Despierta (Primera parte)

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Respiraba agitadamente, sentía el olor del humo llegando desde las montañas, el calor llegaba desde alguna parte y mis brazos estaban cansados. Observe a la gente que corría a mi alrededor, intentando huir, los gritos se alzaban cada vez más, pidiendo ayuda. Me agache buscando refugio tras un muro, mientras los soldados marchaban disparando a quien se interpusiera en su camino: hombres, mujeres, niñas y niños, no importaba la edad, todos debían morir. Las llamas se alzaron en la que había sido mi casa y la bandera de Briet se alzó en medio de las tropas de la Guardia Negra. Apoye mis manos en el suelo observando por una esquinita del muro, como un niño de ocho años intentaba correr para resguardarse. Tenía el rostro enjuagado en lágrimas y manchas de humo en su nariz y frente, además un brazo le sangraba y no paraba de sollozar. Algunos guardias se hallaban del otro lado, sacando a las familias de sus hogares, me incline y con mi dedo índice le dije que no hiciese ruido, y luego lo llame para que corriese hacia donde yo me encontraba. El primero en salir de la casa fue un hombre mayor, de cabello cano, el cual cayó al suelo cuando uno de los guardias lo tomo por el saco y lo arrojó entre el barro, este se movió adolorido por el golpe, con el rostro manchado y un labio sangrándole. El pequeño se alisto para correr, pero levante las manos indicándole que aguardara. Volví a asomarme observando a los guardias, uno de ellos mantenía la mirada fija en la calle, en dirección al niño. El pequeño de cabello negro asintió para preguntar si debía intentarlo, pero negué lentamente con la cabeza, escondiéndome nuevamente. El pequeño se acurruco junto a un auto volcado he intento mantener su mirada en la mía. Volví a ver y dos guardias más salían de la casa junto a una señora y una niña, no debía tener más de once.

— Arrodíllese —ordenó uno de los guardias que llevaba cuatro relámpagos en su gorra, indicando que era capitán.

Los otros dos guardias apuntaron a la mujer y la pequeña, ambos llevaban lectores de energía B en sus ojos y el más bajo de los dos, empujo a la mujer con la punta de su arma, para que se colocara junto al hombre que intentaba colocarse en pie, la niña observo a su madre llorando, esta tomo su mano y se colocó junto al hombre.

— Por favor —dijo el hombre con voz temblorosa—, no les haga daño, llévenme a mí y déjenlas en paz.

El capitán avanzo quitándose el lente de su rostro, y con una sonrisa observo a los otros dos soldados, luego se inclinó viendo a la pequeña, que lo miro fijo.

— ¿para que querría a un viejo? —dijo este con arrogancia, sin retirar la mirada de la niña.

Entonces dos fuertes disparos resonaron en la calle, y la mujer y el hombre cayeron al suelo, mientras la mano de la niña sostenía aun la de su madre. Deje escapar un suspiro y llore, llore por ella y por mí, por su familia y la mía. El chico me observo tembloroso desde el auto, con los ojos llorosos. Entonces volví a ver a los guardias que bajaban las armas.

— Llévensela —dijo el capitán, con los brazos cruzados tras su espalda.

— El par de soldados tomaron a la niña en brazos mientras ella intentaba aferrarse a la mano de su madre que yacía muerta en el suelo. Solamente gritó con su mano extendida hacia el cadáver de ella, mientras se alejaban en la calle. Me volví al pequeño y lo llame haciéndole un gesto con las manos. Este se asomó viendo en dirección a los guardias que se alejaban dando vuelta en una esquina, entonces corrió y se acurruco junto a mí.

— ¿estás bien? —le pregunté revisando su brazo, tenía un largo rasguño en su brazo, así que arranque un pedazo de tela de mi camisa y la ate alrededor de su brazo, cubriendo la herida.

Este mantenía los ojos abiertos de par en par, con miedo, intentando no llorar, lo mire de soslayo he hice un nudo en la tela.

— ¿Cómo te llamas? —musité, intentando entretenerlo.

— Lutjan —dijo temblando.

— Ok, Lutjan, vamos a salir de aquí, has todo lo que yo te diga —dije colocándome en pie.

Asintió secando las lágrimas de sus ojos y tomó mi mano, observe a ambos lados de la calle y hale del niño corriendo por esta entre las llamas, sabía que estaba cerca de allí, aun no era tarde. Las columnas de humo se levantaban varios metros sobre el aire, varias casas ardían sin control y los guardias continuaban marchando revisando cada calle. Más allá en las salidas del sector, los Apaciguadores se apostaban vigilando que ningún infectado escapara. Era una trampa sin salida, cada extremo del sector ardía en llamas y los Colectores andaban en busca de algún chico que hubiese escapado. Odiaba esas cosas, del tamaño de camiones, blancos y con ventanas transparentes anti balas, allí dentro llevaban a los chicos, como si fuesen en un bus escolar. Sentados en sillas con Apaciguadores en cada salida, y aquellos collares con luces verdes, conectados a las esposas en sus manos y piernas. No importaba la edad, todos debían llevar uno. Corrí por el muro que se erguía sobre nuestras cabezas, ocultándonos en la oscuridad de la noche lejos de las llamas y las luces azules, de los lectores de energía que llevaban los Recolectores. Lutjan, se aferró a mi mano cuando nos acercamos a un grupo de Apaciguadores que vigilaban en lado Oeste del sector, allí había camiones de municiones que salían y entraban del sector con facilidad. Corrí tras un contenedor de basura y observe a los cinco Apaciguadores que hablaban en voz alta, junto a los camiones. No podía entrar allí, no corriendo, me verían. Me volví viendo a Lutjan, que soltó mi mano y se agazapo junto al contenedor. Lo observe fijo y el a mí, levante mi mano observando un cumulo de escombros que yacían del otro lado de la calle las grandes piedras se elevaron lentamente mientras la energía recorría mi mano cargándola, luego estas volaron más de cincuenta metros en el aire cayendo más allá de los Apaciguadores, que al escuchar el fuerte estruendo fueron para saber que pasaba. Tome la mano de Lujan, y corrimos en dirección a los camiones. Solo podía escuchar mis pasos en el suelo arenoso, mientras tomaba a Lutjan y lo colocaba en la parte trasera de uno de los camiones, y subía tras el buscando un lugar donde escondernos. Había varias cajas y una gran manta. Me oculte sentándome junto a Lutjan cubriéndonos con la manta, esperando en la oscuridad. Pasaron los minutos, luego dos horas, y el cansancio hacia meya en mí, Lutjan dormía con su cabeza en mi hombro, y yo intentaba mantenerme despierta, dormitando de vez en cuando.


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